Lo social y lo económico en One Day at a Time

Cada temporada los Alvarez sortean una serie de dificultades de mayor o menor calado que les conectan al mundo en el que vivimos. Las tramas de esta sitcom se tratan, y escriben, con tacto, inteligencia, sensatez y, por supuesto, humor; dosificando el drama y la comedia, y esto es lo que convierte a One Day at a Time en una de las mejores comedias en emisión.

La primera temporada de esta actualización de la clásica serie de Norman Lear se articuló alrededor de Elena y la aceptación de su sexualidad, una trama que culminó con la celebración de su fiesta de quinceañera y el rechazo de su padre, Víctor, una decisión cuyas repercusiones aún se dejan sentir en la tercera temporada. La segunda entrega se centró en la enfermedad, por un lado la de Penélope con su lucha contra la depresión y la ansiedad, y por otro, la de Lydia, cuyo derrame cerebral dio pie a un episodio cercano a la teatralidad y emocionalmente apabullante; otra de las tramas giraba en torno a la consecución de la ciudadanía por parte de Schneider y Lydia. Sin embargo, esta tercera temporada parece no tener una gran trama, al menos no tan evidente como en las dos anteriores entregas, pero aborda la sencillez del día a día de esta familia cubana con el mismo humor, el mismo cariño por los personajes y con mimo en su guión. Tal vez, como apuntan algunos críticos norteamericanos, el tema de este año sea el del paso del tiempo. Estos trece capítulos condensan un año en la vida de los Alvarez, un tiempo en el que Elena se prepara para sacar el carnet de conducir, Penélope estudia para su licencia de enfermera, Lydia se centra en completar su lista de deseos, Alex se pasa mitad de la temporada castigado en casa y Schneider sufre una recaída que le da la oportunidad a Todd Grinnell de brillar en un capítulo que explora su relación con los Alvarez y la difícultad de vivir con una adicción.

Una de las cosas que más me gusta de One Day At A Time es su capacidad de tratar temas actuales de gran impacto social de forma natural, sin estridencias, sin exageraciones, hablando de tú a tú con el espectador. Durante tres temporadas los personajes se han enfrentado a problemas relacionados con la depresión, el racismo, la homofobia, la enfermedad, las drogas, la sexualidad y la religión, y mucho más.

Veamos algunos de los temas que aborda la tercera temporada de la serie.

Drogas

En la tercera temporada Penélope descubre que su hijo menor, Alex consume marihuana. El enfado de la madre se traduce en un castigo ejemplar que el joven cumplirá a rajatabla. Aunque el consumo es legal en California, ella teme los efectos que la droga puede tener en su hijo adolescente, por no hablar de que para Alex las consecuencias legales de fumar marihuana serían mucho más duras. Esa conversación entre madre e hijo es realista y dura porque ambos saben que la justicia nunca será igual para ellos, esa diferenciación existe y Alex podría arruinar su vida y futuro por algo que para un chico blanco no sería más que una anécdota.

Gentrificación

La visita del padre de Scheneider (el mítico Alan Ruck) pone sobre la mesa el problema de la gentrificación. Penélope le deja muy claro a Scheneider lo que sucede cuando una zona es gentrificada, cómo afecta a las personas que viven allí que, muchas veces, se ven forzadas a dejar sus hogares porque no pueden permitirse los precios de los alquileres. Para Scheneider esa es una realidad tan alejada a todo lo que él conoce que nunca imaginó el impacto que una decisión de negocios podría tener sobre su familia favorita.

Sexo

La relación de Elena con su Syd-nificant Other avanza y se consolida esta temporada. Es importante que una serie familiar, dentro de un formato tan clásico como el de la sitcom, consiga hacer un tratamiento tan rico, inclusivo y maduro de una relación entre dos mujeres adolescentes. Este año, la pareja decide tener relaciones sexuales y las dudas, miedos y nervios de ambas están tan bien contados, tan bien expresados que da gusto ver el capítulo.

Cuando Penélope averigua que su hija ya es sexualmente activa entra en pánico porque no sabe que decirle, como aconsejarla, como reaccionar. Las dudas de Penélope sobre la sexualidad de Elena son perfectamente normales y su forma de hacer frente a la situación, iniciando una conversación constructiva con ella sobre la sexualidad, el cambio y las emociones, es un ejercicio maravilloso de empatía, aceptación y descubrimiento.

Adicciones

La recaída de Schneider en la recta final de la temporada pone el broche dramático a One Day at a Time. El proceso se construye de manera muy orgánica, vemos como se activa, como se descubre y como afecta a los demás personajes. Tras ocho años de sobriedad, Schneider, que hasta ese momento había actuado como apoyo emocional de Penelope (lo de los mensajes con perros con peluca es un claro ejemplo) se desmorona. Vivir con una adicción no es sencillo y la posibilidad de una recaída está siempre presente pero resulta duro ver a este simpático y entrañable personaje presa de la culpa, el arrepentimiento y el miedo. Tanto tiempo y trabajo echados a perder, lo peor, perder la confianza de Penélope. Y es que la adicción no solo afecta a la persona sino a todo su entorno. No queda otra que volver a empezar y seguir trabajando, día a día, para no volver a recaer.

Masculinidad tóxica

Uno de los capítulos de esta temporada se centra en el #MeToo y en la masculinidad tóxica. A raíz de unas publicaciones en el Finsta de Álex, las mujeres de la familia se abren a compartir sus historias de acoso. Claro que las más jóvenes no comparten las opiniones de Lydia sobre el amor romántico y las relaciones entre hombres y mujeres. Escuchar las “historias de amor” de abuelita es estremecedor, hablan de hombres que no aceptan un no por respuesta, de hombres que secuestran mujeres y que las fuerzan a someterse a su voluntad. Para ella eso es romanticismo en su máxima expresión. Sin embargo, Penélope y Elena comparten otro tipo de historias. A través de las experiencias de su madre, su hermana y su abuela, Álex aprende a no ser parte del problema, y entiende que debe ser parte de la solución. No es sencillo, pues tal y como explica Elena, a los hombres nunca se les pide que tomen responsabilidad de sus actos, somos las mujeres las que tenemos que cuidarnos para que no nos agredan, para que no nos violen, para que no nos maten. One Day at a Time habla de la urgencia de una educación que destierre el machismo sin caer en el victimismo ni el adoctrinamiento, simplemente dejando a sus mujeres relatar una realidad demasiado común.

Economía familiar

You said minibars were introduced by the CIA to punish poor people!

Alex

A lo largo de estas tres temporadas hemos visto a los Alvarez pasar estrecheces económicas. Este año, una vez más, es evidente que vivir en Estados Unidos, aún teniendo trabajo, no es nada sencillo. Penélope es organizada y administra el dinero de manera efectiva y eficiente, creando partidas para cada gasto familiar. Pero Elena quiere ir a la universidad y no sabe si podrá permitirse darle esa clase de educación a su hija si ésta no logra una buena beca. Alex siempre quiere ir a la moda, y es capaz de gastarse trescientos dólares en unas zapatillas. Y luego Schneider pretende vender los apartamentos en una operación inmobiliaria, lo que obligaría a la familia a tener que mudarse. Incluso cuando se van de vacaciones a San Diego conocemos todos los trucos posibles para ahorrar en los gastos de viaje, la inventiva de Penélope no conoce límites y su momento “En Busca del Arca Perdida” con el minibar de la habitación del hotel es oro puro.


Hay más temas a lo largo de la temporada y la política sigue estando presente en One Day at a Time aunque no tanto ni de forma tan evidente como en las dos anteriores entregas. El mayor logro de esta comedia es su capacidad para revertir estereotipos y tratar temas de gran calado social desde un formato clásico, la sitcom, de manera fresca, original e innovadora.

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