Walt Longmire dice adiós

SPOILERS DE LA SEXTA Y ÚLTIMA TEMPORADA DE LONGMIRE

Longmire ha completado su agitado viaje tras seis temporadas. La serie inició su andadura en A&E donde permaneció tres temporadas hasta su cancelación en 2014, entonces Netflix la rescató para una cuarta temporada y la cosa debió funcionar bien en la plataforma porque consiguió dos temporadas más con las que cerrar la historia del sheriff Walt Longmire.

La sexta temporada se sirve de dos grandes tramas para encauzar su recta final, por un lado se resuelve el juicio contra Walt (Robert Taylor) y, por otro, se cierra el arco de Malachy Strand, el villano que lleva años hostigando a nuestro héroe. Durante los primeros capítulos, Walt está a punto de perder no solo su trabajo como sheriff del condado sino también su cabaña y sus tierras. La resolución de la trama jurídica, gracias a la participación de Jacob Nighthorse, se siente un poco precipitada teniendo en cuenta todo lo que Walt se jugaba en ese juicio; aun así, este precipicio ante los pies del sheriff sirve como motor del cambio. Nuestro silencioso y taciturno héroe, tras varios años de lenta evolución personal y afectiva, decide que es tiempo de dejar el puesto porque no quiere terminar como Lucian (un Peter Weller siempre efectivo). En este sentido, uno de los aspectos más interesantes de la serie ha sido su aproximación a la madurez, el paso del tiempo, el peso de los años. Walt bordea los cincuenta y debe enfrentarse a elecciones, sentimientos y verdades que le obligan a salir de esa zona de confort que se había construido a lo largo de los años y que compartía con su mujer, Martha. La muerte de ella y los acontecimientos posteriores cambian a Walt y a todos los que le rodean. Todo ese proceso de transformación, de introspección y de adaptación a la nueva realidad culmina esta temporada, Walt quiere permitirse, por fin, un poco de felicidad. El australiano Robert Taylor ha estado seis años en la piel de Longmire transmitiendo cada matiz y sutileza del carácter de este vaquero solitario. El peso de la serie recaía sobre sus hombros y en todo momento ha estado a la altura del reto. Hay actores que parecen estar hechos para un papel y, sin duda, Taylor estaba hecho para ser Walt Longmire.

No debemos olvidar la naturaleza procedimental de la serie, los casos episódicos siguen siendo una constante mientras, de fondo, las grandes tramas continúan desenvolviéndose y evolucionando gracias a las aportaciones de Henry, Cady (Cassidy Freeman ), Zach (que acierto recuperar a este personaje), Ferg y Vic. Reconozco que la resolución del arco del atracador Cowboy Bill me sorprendió porque daba por sentado que Zach (Barry Sloane) era el responsable de la ola de robos. Jugaron muy bien los guionistas con las expectativas y eso permitió el regreso de Zach a la serie quien actúa como punto de encuentro de varias líneas argumentales y como nuevo interés romántico para Cady.

En la quinta temporada Cassidy Freeman tuvo una trama propia que resultó de lo más interesante y que permitió explorar en profundidad las bases morales y emocionales de la hija de Walt. Sin embargo, este año Cady no ha tenido tanta suerte, su caída en desgracia con los cheyenne viene marcada por un incidente con un niño de la reserva enfermo que deriva en la pérdida de todos sus clientes. Sin nada a lo que aferrarse, Cady parece dispuesta a dejar Absaroka para probar suerte en la gran ciudad pero el destino le tiene preparada una sorpresa. Me gusta la idea de que Cady siga el camino de su padre y se presente a sheriff.

Para Henry Standing Bear (Lou Diamond Phillips) la sexta temporada ha sido una montaña rusa de emociones, he perdido la cuenta de las veces que casi muere. Henry ha sido uno de los personajes más fascinantes de la serie y su momento de gloria fue durante la cuarta temporada. Al despedirnos del amigo más fiel del sheriff y el mejor defensor de los intereses de los indios de la reserva, lo vemos dirigiendo el casino de Jacob Nighthorse, ocupándose de que nada ilegal suceda dentro y fuera del lugar, velando por la tribu.

Este año Vic (Katee Sackhoff) ha tenido un interesante viaje emocional que le ha dado la oportunidad a Sackhoff de lucirse como actriz dramática. Su arco ha estado perfectamente trazado desde la mujer indecisa ante una inesperada maternidad hasta la depresión de quien ha perdido algo irreemplazable. Es en el duelo por la pérdida de un ser querido donde, por fin, Vic y Walt se encuentran y completan. El romance entre Vic y Walt lleva gestándose mucho tiempo, los sentimientos de ella siempre han estado claros pero aunque él era reticente a abrir esa puerta solo era cuestión de tiempo que sucediese. Cierto que es una jugada para complacer a los fans pero eso no quiere decir que la construcción de esa relación no se haya trabajado a fondo. Llegar a este punto ha sido un proceso largo, un tira y afloja emocional que se ha cobrado sus víctimas (el pobre Travis) y que ha sido tratado con madurez, sensibilidad y respeto para con los personajes.

Longmire ha seguido fiel a su estilo, un entretenimiento sólido con momentos para el drama, la comedia y la aventura. El traslado de la serie a Netflix supuso un incremento de la intensidad dramática, la construcción de arcos de largo recorrido y una mayor duración de los episodios permitiendo mayor ambición argumental y exploración de personajes y lugares. Su despedida ha sido tal vez demasiado complaciente para con el fan pero no por ello menos celebrada y efectiva. En términos generales ha sido una temporada satisfactoria pero la cuarta sigue siendo la mejor de la serie.

Decimos adiós a una buena serie, un drama adulto, un procedimental preciso, un western moderno que recogía los tropos del género (el vaquero solitario, el sheriff solo ante el peligro, el honor, la palabra, la confianza) y los confrontaba con un mundo moderno donde ya no tienen cabida, un mundo que Walt evita y rehúye con gestos como negarse a tener un teléfono móvil. Por eso, la escena final, tiene tanto significado, el viejo oeste hace concesiones para poder (per)vivir en la era moderna. 

 

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