Tendría que ser la maravillosa Susie

I don’t mind being alone. I just do not want to be insignificant.

Durante la primera temporada de The Marvelous Mrs. Maisel tuve problemas para empatizar con la serie y con muchos de sus personajes. La visión de Amy Sherman-Palladino era demasiado clasista para mi gusto y mi conciencia me impedía disfrutar de la diversión que se supone impregna a la serie el que Midge ignore a sus hijos, el que se humille repetidamente a la mujer de su hermano o el que sus padres critiquen a los Maisel, y no voy a entrar en el trato que recibe el servicio porque entonces dejo de escribir. Además, Midge -aunque interpretada con mucho entusiasmo y brío por Rachel Brosnahan- me parece un personaje antipático. Todo mi respeto y cariño se lo llevó Susie, la auténtica heroína de esta historia y personaje que debería centrar la serie, y Lenny Bruce (Luke Kirby), en sus breves pero siempre edificantes apariciones.

Entiendo el encanto y la simpatía que la serie despierta entre la audiencia y la crítica y hasta entiendo los premios recibidos, aunque creo que se les fue de las manos su entusiasmo con un producto que es todo apariencia y cero contenido, especialmente este año.

La segunda temporada ha sido un suplicio. La deriva argumental de la serie con esos viajes a París y al centro recreativo de Catskills han acrecentado mi particular odio hacia Midge y su familia, y dignificado, aún más si cabe, a Susie y Lenny como los personajes más interesantes de la serie.

¿Maravillosa? Malcriada, más bien

En mi opinión, la historia de Midge vende algo sobre lo que deberíamos reflexionar un poco más porque desde su posición de privilegio es capaz de existir en una realidad que no es tal y en la que parece que con tener talento ya es suficiente, algo que no es cierto. A Susie le ha llevado años llegar a donde está y cuando por fin tiene algo de suerte su sorpresa es tan mayúscula que el WTF que suelta traspasa la pantalla. Sin embargo, Midge es como si no tuviera que pedir permiso por nada simplemente dar las gracias al recoger lo que siente suyo por derecho. Y no, Midge, no lo es, eso hay que ganárselo. La maravilla de la señora Maisel se me atraganta por momentos. Midge es popular, hermosa, dicharachera y vive cómodamente una vida que Susie no puede ni imaginarse y las mejores frases y pullas vienen de esa Alex Bornstein, que presencia tiene esta mujer, atacando ese sistema de clases. Desde abajo es más fácil ver lo absurdo de muchas de las “buenas costumbres” de los más afortunados.

Veamos como funciona Midge, o al menos como la escriben, para comprender que no es más que una malcriada y que tal vez no se merezca triunfar como cómica. La chica y la familia se mudan dos meses a los Catskills de vacaciones y eso significa dejar a Susie sin poder hacer reservas para actuaciones y perder el momentum sobre los escenarios. Y eso que Susie vive de eso, necesita el dinero, necesita trabajar. A Midge eso no parece importarle mucho, ella se va y allí se queda. Sin embargo, cuando la llaman del centro comercial para que atienda el mostrador de Revlon corre a la ciudad para no perderse esa oportunidad y eso que Susie se ha trasladado a los Catskills para buscarle bolos por el norte. ¿Se puede ser más desagradecida? Reconozco que al ver la escena me dieron ganas de dejar la serie de pura rabia. Muchos de los personajes de Sherman-Palladino, especialmente en Gilmore Girls, resultaban irritantes aunque pretendían venderlos como excéntricos adorables. La de veces que me imaginé entrando en las reuniones de vecinos de Stars Hollow con un lanzallamas.

Aunque lo peor llega con ese final en el que nos quieren hacer creer que Midge debe estar sola para triunfar. La misma Midge a la que todo lo ha salido bien durante dos temporadas, tanto que hasta ha encontrado a un médico con la sonrisa de Zachary Levi que la entiende, la apoya y la acepta. La misma Midge que nunca se ocupa de sus hijos y que se olvida de su bebé dentro de un coche en pleno verano. La misma que es independiente de sus padres (menos económicamente). Esa joven admirada y adorada que acaba de conseguir un trabajo soñado con una gira por Europa de seis meses ¿Por qué tengo que creerme que ella, precisamente ella, debe escoger entre dos mundo si ha vivido bien a caballo entre los dos? Este es el típico movimiento argumental sin sentido marca Sherman-Palladino, como cuando Lorelai corrió a los brazos de David en una de las tramas más infames de Gilmore Girls. El caso es que Midge debe creerse el centro del universo y su percepción de la realidad estar seriamente dañada por su narcisismo, solo eso explica que crea que tiene que elegir y que -en otro momento que sumar a la lista de infames – decida que mejor malo conocido que bueno por conocer.

Sin drama no hay trama

Ta vez no sea justo atacar a la serie por lo que no es y si los creadores prefieren hacer caso omiso a los problemas sociales de la época, están en su derecho, pero es una lástima que se pase de largo como si no existiesen y peor aún es hacernos creer que no hacen mella en la protagonista. Una cosa es evitar hablar del tema pero otra es negar su impacto. Si solo les queda el recurso de subir a Midge al escenario para llenar trama y eso ya está muy visto, hay que sacar de donde no hay para hacer diez capítulos. ¿Cómo? Con bonitas estampas de viajes. La escapada a París de Rose, Abe y Midge es una visión idílica de la ciudad de la luz que incluye una escena tremendamente ridícula en un club francés. Midge, micro en mano, desbarrando a la velocidad del rayo junto a una solícita intérprete traduciendo a la audiencia, francesa toda ella, sus disquisiciones. La escena se supone trascendental para el personaje y su evolución por ser el monólogo catártico que la confronta con el fin de su matrimonio, de una vez por todas. Sin embargo es difícil enterarse de algo por la rapidez y la traducción instantánea, y esto aleja al espectador del drama y del personaje. Lo de los Catskills, por otro lado, solo se salva gracias a Susie y su desatascador.

El arco argumental más importante, el supuesto leitmotiv de esta historia, es la evolución de Midge como cómica y eso se ha estancado. Durante este año se han repetido muchas de las ideas, tramas y conversaciones de la primera entrega y el dilema de Midge se mantuvo durante demasiado tiempo ¿está dispuesta a apostarlo todo por la comedia? Finalmente parece que si pero lo que se ha contado esta temporada, lo realmente importante, se solucionaba en dos capítulos. Todo lo demás es purpurina, satén color pastel, meras distracciones. Bonitas, sí. Importantes, no.

Por todo esto considero que la serie debería ser sobre la maravillosa Susie, sobre sus primeros pasos como manager de cómicos en el Nueva York de los cincuenta, sobre sus líos con la mafia, sus problemas con las estrellas y otros managers, su complicada vida familiar, sus relaciones personales y su día a día en los clubs. Esa sería una serie mucho mejor, sin duda alguna.

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