Te conozco demasiado bien

Una de las tramas episódicas de la última temporada de Silicon Valley (S05E06, Artificial Emotional Intelligence) se centra en la contienda abierta entre Dinesh y Gilfoyle por los errores en un código que tienen que preparar contrarreloj. Kumail Nanjiani despierta mi odio y simpatía gracias a un personaje que puede pasar de la arrogancia al patetismo en cuestión de segundos. Dinesh cree que es el mejor escribiendo código y no deja pasar la oportunidad de burlarse a expensas de Gilfoyle hasta llegar a las doscientas bromas, algo que su  amienemigo  esperaba pacientemente. Llegado ese momento, Gilfoyle torpedea el ego de Dinesh ante sus empleados de Pied Piper pero nadie se sorprende ante el giro de los acontecimientos. Sus subordinados conocen tan bien a sus jefes y son tan conscientes de su rivalidad que habían apostado sobre sus posibles reacciones en esa estúpida competición; sabían que Gilfoyle acabaría lanzando algún insulto sexualmente degradante y/o racista a Dinesh. 

Algo similar le sucede al espectador de Silicon Valley, conocemos tan intimamente a estos pesonajes que sabemos que caminos van a tomar, predecimos con relativo acierto lo que van a hacer y por donde se van a encaminar las tramas. En concreto, la relación entre Dinesh y Gilfoyle nunca sorprende porque nunca se desvía del patrón marcado desde los inicios de la serie; Gilfoyle vomitará desprecio y autosuficiencia sobre Dinesh que responderá dramática y exageradamente. En las cinco temporadas esta dinámica no ha cambiado y, aunque predecible, no deja de ser entretenida de ver. Un ejemplo, desde que Dinesh posa sus vista en el Tesla y lo compra sabemos que presumirá de coche ante amigos y empleados y que, eventualmente, recibirá un escarmiento por su actitud condescendiente y presumida. En este sentido, ni Gilfoyle ni Dinesh han evolucionado como sí lo ha hecho Richard Hendricks capaz, al final, de ser tan cabrón como sea necesario para mantener Pied Piper viva y jugársela a Gavin Belson, el hombre con rúbrica en forma de pene. No es algo malo que los personajes nos den exactamente lo que esperamos, el único reparo es que se pierde cierta emoción al conocerlos tan bien y ver que los guionistas no se salen nunca de su zona de confort. Esto sucede con uno de los personajes revelación de la actual temporada,  Villanelle (Jodie Comer) de Killing Eve. La joven psicópata que todo lo que quiere es un bonito apartamento, un trabajo divertido y alguien con quien ver películas es inteligente, sexy, obsesiva e infantil, no es raro que nos atraiga y fascine. Sin embargo, como espectadora no me resulta un personaje complejo, no hay reto, porque su locura está dibujada con escuadra y cartabón. La veo predecible, tanto como Gilfoyle y Dinesh. El caos que supuestamente representa no es tal, sus acciones no son inesperadas, son acorde a personaje armado de este modo. De nuevo, tampoco digo que esto sea algo negativo ni para Comer, que lo borda, ni para la serie; Villanelle es fascinante de sobra como para que los seguidores de Killing Eve disfruten con sus reacciones y locuras. La duda es si Villanelle seguirá la misma línea que Dinesh y Gilfoyle o, cómo Richard, logrará evolucionar y crecer.  Ese es el gran reto al que se enfrenta el personaje y su creadora Phoebe Waller-Bridge  que en su anterior serie, Fleabag, si proporcionó a su personaje principal un camino de aprendizaje y redención que partía de un punto muy conflictivo y oscuro, y terminaba en otro que abría una puerta a la esperanza. En la primera temporada de Killing Eve, Villanelle no hace un viaje semejante. Por contraste es el personaje de Sandra Oh el que recorre este camino de aprendizaje y cambio.

I have lost two jobs, a husband, and a best friend because of you.

Así pues, me quedo con la idea de que Villanelle es la excusa para explorar la metamorfosis de la Eve del título, un personaje con más peso, entidad e interés que Villanelle (todo fuegos artificiales) y cuya transformación desde el primer capítulo es más que evidente y sigue un camino coherente ante los desmadres de la psicpóata (asesina a su amigo, la acosa). Eve es la Richard Hendricks de Killing Eve y eso está bien, pero la serie cojea a la hora de hacer lo mismo con la némesis del personaje de Oh. La segunda temporada nos tendrá que mostrar si Villanelle es puro artificio o hay algo más debajo de esa locura incontrolada.

Tras el último capítulo de Killing Eve, tras esa escena en la cama con sangre, gritos y disparos, la relación que se establece en ese momento tan íntimo entre Eve y la joven asesina me recordó a los lazos que unen y separan a Nora y Yato en Noragami Aragoto. En el final de la segunda temporada de este anime, el dios le dice a la que fue su compañera de matanzas durante siglos que ya no puede seguir haciendo lo mismo, que ya no puede seguir divirtiéndose a su lado mientras masacran seres humanos, que él ha cambiado pero Nora, no. Evidentemente, Nora es Villanelle y Yato, Eve. Por mucho que a Eve le fascine Villanelle, tanto como para obsesionarse con ella, no es lo suficiente como para quedarse a su lado viendo películas.

I’m going to tell you something. Sit down. I think about you all the time. I think about what you’re wearing and what you’re doing and who you’re doing it with. I think about what friends you have. I think about what you eat before you work and what shampoo you use and what happened in your family. I think about your eyes and your mouth and what you feel when you kill someone, and I think about what you had for breakfast. I just wanna know everything.

Herida y traicionada, Villanelle querrá vengarse de este desaire. Ya conocéis el dicho, del amor al odio hay un paso y tras los sucesos en el apartamento, la asesina tendrá más motivos que nunca para matar a Eve, por mucho que esta se arrepienta del apuñalamiento, real y metafórico, en París. Este punto de inflexión puede que sea el que lleve a Vilanelle a evolucionar y ser algo más, a dejar de ser una Dinesh o una Gilfoyle para convertirse, como Eve, en una Richard Hendricks.

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