Siete momentos para el recuerdo – S01 Killing Eve

Que Killing Eve ha sido una de las sensaciones del 2018 lo sabemos todos. Que aparecerá en las listas de lo mejor de año, nadie lo duda. Aunque creo que la serie de Phoebe Waller-Bridge. va de más a menos, y que pierde fuelle a mitad de temporada, he disfrutado con este juego entre asesina y agente del orden, con la locura de Villanelle y la obsesión de Eve, con las potentes interpretaciones de Jodie Comer y Sandra Oh, y con negrísimo humor de esta propuesta británica.

A la espera de la segunda temporada, aquí dejo una recopilación de mis momentos favoritos de la primera entrega de Killing Eve.

ATENCIÓN HAY SPOILERS

Encerrona en la discoteca

Bill era un tipo simpático y se le veía buena gente. En el poco tiempo que nos dan para conocerle (tres episodios) acabamos encariñándonos con el personaje y nos acomodamos con facilidad a su relación con Eve. Su muerte era cosa cantada. En el tercer capítulo, Villanelle lo atrapa en su red, atrayéndolo con facilidad a un terreno en el que tiene ventaja y, antes de matarlo, sonríe satisfecha. Esa sonrisa es terrorífica y peligrosa. A Bill se le hiela la sangre al darse cuenta de lo que ha pasado, no tiene escapatoria, ha caído en la trampa, es demasiado tarde para él. Con esta secuencia nos cuentan que Villanelle es una chica llena de recursos, capaz de sobreponerse a un revés (es Bill el que la localiza por casualidad en el metro) y convertir su error en una ventaja.

Solo quiero cenar contigo

Hay mucho humor y tensión en esta escena. Eve está paralizada de puro terror, Villanelle disfruta del momento. Un encuentro extraño pero prometedor que deja bien claras las bases de esta relación. Oh y Comer están fantásticas, la primera transmite miedo, duda y preocupación; la segunda tiene ese aire peligroso, curioso y divertido. Nunca una invitación a cenar fue tan retorcida, ni un primer encuentro más arriesgado. Aún así, Villanelle no se pasa a cenar con el objeto de su afecto por capricho, está en plena misión y sabe que puede mezclar trabajo y placer, así que lo hace y punto.

La imperturbable Carolyn Martens

Para esta lista podría escoger cualquier escena de Fiona Shaw. Me resulta fascinante lo que hace esta veterana actriz con su personaje. Su Carolyn Martens es una mujer práctica y resolutiva, con muchos secretos y bastante poder. Sabia y compleja, Shaw se adueña de las escenas sin mover un músculo. En su seriedad está la clave de su función como alivio cómico. La escena en la habitación del hotel es tremendamente divertido y acorde con lo que sabemos del personaje. Las cuatro personas allí presentes saben lo que ha sucedido y todos, menos ella, se muestran incómodos por la situación creada, especialmente su hijo que no da crédito a lo que está pasando.

La violencia cotidiana

Una mujer de noche en el autobús. Desde su asiento vemos la luminosa ciudad. El vehículo se detiene en un semáforo, mira distraída hacia un edificio a su izquierda. Allí, en una ventana, un hombre ensangrentado pide ayuda desesperadamente. Una joven le persigue para matarle. La mujer del autobús saca el móvil y llama a su madre para preguntar por la cena. El hombre no importa. El crimen, tampoco. La mujer asiste insensible al horror, parece que es algo a lo que está acostumbrada. El autobús sigue su camino, como la vida, como la muerte. Es una escena graciosa pero también una brutal bofetada al espectador y la sociedad. Waller-Bridge establece un paralelismo entre esa mujer indiferente y los seguidores de la serie que jaleamos entusiasmados a Villanelle. Todos somos esa mujer del autobús que mira hacia otro lado y sigue con lo suyo sin importarle el dolor y sufrimiento de los demás.

El encuentro en el apartamento

Admito que todo lo que sucede en el apartamento me parece muy fan service. Ese diálogo, esa declaración, esa escena en la cama. La creadora da a los fans lo que quieren, no es que sea algo malo pero me parece muy gratuito. Aún así, reconozco que la conversación entre Villanelle y Eve transmite todo el morbo y peligro necesario para mantener la tensión en lo más alto. Por un instante, Villanelle baja la guardia y el cebo, porque Eve sabe lo que es en ese juego malsano, se revuelve y se convierte en cazador. No creo que la sicaria vuelva a ser tan vulnerable y ahora el juego va a cambiar porque nadie traiciona a Villenelle y vive para contarlo.

El inicio de la season finale

Un comienzo inesperado con Villanelle en modo infantil pistola en mano gritándole a una niña en una carretera solitaria. Pronto descubrimos el potencial de esa pequeña actriz y la cómica complicidad entre la sicaria e Irina, hija de Konstantin, que es, en palabras de su propio padre, insufrible. Esta ruptura con los acontecimientos del capítulo anterior y ese aire de imposible buddy/road movie, descoloca y divierte al espectador. Un inicio diferente, rompiendo moldes. Pocas veces vemos en la ficción a niñas encañonadas por asesinas para fines cómicos. Es arriesgado, sí, funciona, también.

El final de Anna

El suicidio de Anna nos confirma algo que ya intuimos: todo aquel que entra en contacto con Villanelle está condenado. A lo largo de los ocho capítulos de la primera temporada, no solo mueren sus objetivos, también lo hacen su vecino, sus compañeros de trabajo, su nuevo contacto y Konstantin. Anna no es más que otro cadáver que sumar a la lista. El efecto de Villanelle sobre la gente es letal y si no acaban muertos, seguro que sufrirán. Anna es el caso más extremo; incapaz de ejecutar su venganza sobre su ex-amante y asesina de su marido, prefiere quitarse la vida ante ella. De nuevo, Irina es testigo de un horror que pocas veces vemos en pantalla. Y lo que le espera a la pobre niña.

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