El legado del Clone Club

Yeah, I survived you… *we* survived you, me and my sisters together. This is evolution! 

OJO, ESTE POST TIENE SPOILERS DEL FINAL DE ORPHAN BLACK.

Sinceramente espero que dentro de cinco años, cuando se hable de feminismo en las series de televisión y/o de personajes femeninos importantes se reivindique la importancia de Orphan Black, una serie protagonizada por mujeres fuertes, inteligentes y luchadoras en una época en la que la parrilla televisiva adolece de personajes femeninos complejos y creíbles. Por desgracia, no ha tenido la visibilidad ni el impacto que merecía pero creo que el paso del tiempo y el boca a boca harán justicia a la creación de Graeme Manson y John Fawcett.

Orphan Black se despidió el pasado 12 de agosto de sus seguidores. Los fans del Clone Club echaremos de menos esta propuesta inteligente y audaz, una serie con una mitología rica que hablaba de manipulación genética, fanatismo religioso, maternidad, vida suburbana, crianza, clonación y hermandad sin resultar extraña, ajena o imposible. Echaremos de menos también lo progresista que fue y su discurso feminista. Y, por supuesto, echaremos de menos a Tatiana Maslany, protagonista absoluta de Orphan Black.

Durante cincuenta episodios la serie navegó entre sus dos facetas más reseñables con valentía y bastante acierto, y es de agradecer que siempre se mantuviese fiel a sus señas de identidad y respetase a sus seguidores. Por un lado, Orphan Black es un thriller científico con conspiraciones, malvadas corporaciones y organizaciones (Dyad, Neolution, Proletarianos, Proyecto Castor, Proyecto Leda, Topside…) y clones. Por otro, un análisis de las relaciones sobre las que se construyen y articulan las familias, sobre las personas que elegimos para acompañarnos a lo largo del viaje de la vida y sobre los vínculos que forjamos con ellas. El equilibrio entra estas dos facetas hizo que Orphan Black destacase por encima de otros thrillers de corte científico y/o tecnológico. Cierto que no fue una serie perfecta y que en varios momentos la trama se les fue de las manos pero los guionistas supieron rectificar a tiempo. Cuando la mitología de la serie se volvía demasiado confusa o complicada, apostaban por momentos y tramas más realistas como cuando, al inicio de la cuarta temporada, decidieron mostrarnos el colapso emocional que llevó a Beth al suicidio; o por tramás más ligeras (con resultados muy divertidos) como Alison y Donnie traficando con pastillas o Félix presentando a su hermana biológica en sociedad.

Cinco temporadas para una serie de estas características son todo un éxito y ,en conjunto, se siente una serie triunfadora que merece un mayor respeto entre los seriéfilos ya no solo por lo que cuenta sino por cómo y quienes lo cuentan. Como legado, Orphan Black deja una fuerte impronta feminista con una historia protagonizada y centrada en un grupo de mujeres y, para el recuerdo, el impresionante trabajo de Tatiana Maslany, actriz a la que muchos descubrimos gracias a su interpretación de Sarah y las sestras. Sin ella no sería posible el milagro que representa Orphan Black y es injusto que su enorme interpretación solo mereciera un Emmy a la mejor actriz dramática. Mirar hacia el conjunto de estas cinco temporadas y pensar que todas esas mujeres estaban interpretadas por la misma actriz parece imposible pero ella insufló vida a varios personajes, cada uno con su propia personalidad e identidad.

El adiós a las sestras

La despedida de la serie después de cinco años fue agridulce, Orphan Black nos deja con un final cerrado, una oda a la sororidad y a la fuerza de esas mujeres, un canto a la comprensión y a la familia. El cierre es un largo epílogo que tras 50 capítulos de desenfreno y adrenalina se posa con calma sobre las vidas de las sestras dejándonos entrever cómo unidas superan todo lo vivido y cómo unidas encaran el futuro. Un final hermoso con Helena convertida en madre de gemelos. Alison y Donnie siendo ESA pareja feliz y despreocupada que se quiere por encima de todo. Cosima y Delphine recorriendo el mundo curando a las demás clones. Incluso Rachel parece haber encontrado algo de paz. Solo Sarah parece incapaz de superar el cambio del status quo y sin una lucha en el horizonte vuelve a los malos hábitos, sintiéndose débil ante la responsabilidad de criar una hija en un hogar y ambiente estables. No obstante algo ha cambiado para ella, ya no está sola, tiene no uno sino muchos apoyos.

El legado feminista de Orphan Black

Ya solo por la construcción de cuatro protagonistas femeninas perfectamente tridimensionales, con sus historias y manías, con sus debilidades y fortalezas, con problemas (a todos los niveles) y con personalidades bien definidas tenemos que situar a Orphan Black por encima de muchos títulos que copan las listas de ‘5 series feministas para ver este verano’. El retrato de Sarah, Cosima, Helena y Alison es completo y complejo, y su relación el motor que mantiene encendido el interés del espectador porque, más allá de la trama de la clonación, lo realmente importante de esta historia son las mujeres que la pueblan. Además, no son los únicos personajes femeninos a tener en cuenta, y no hablo de todas las demás interpretaciones de Maslany que añadir al Clone Club desde MK a Rachel pasando por Krystal o Tony; me refiero a Delphine y, por supuesto, a Shioban (Maria Doyle Kennedy), una matriarca ferozmente protectora y un personaje mucho más complejo y absorbente de lo que parecía en los primeros capítulos.

Pero el feminismo en Orphan Black no se ciñe a quién cuenta la historia sino también a lo que cuenta, en el discurso sobre la ética de la investigación científica encontramos cuestiones como la autonomía de las mujeres, los derechos sobre sus cuerpos y sobre el derecho a vivir y existir plenamente abrazando la propia individualidad y diversidad. La última temporada se centra en el intento de (pro)crear una nueva tanda de clones a través de Kira, el proceso es complejo pero resumiendo se trata de controlar los cuerpos de las mujeres para hacer negocio y mantener el poder. ¿Quiénes quieren controlar y mantener el poder? Los hombres que retuercen la ciencia para saciar sus ansias de poder. Hay un momento en el que Kira le pregunta a Rachel que quién la lastimó. Rachel responde ‘Todos ellos’. Y esa frase hace referencia a Westmorland y al doctor Leekie y a toda una retahíla de hombres que la usaron, la marcaron, la monitorizaron, la controlaron. Hombres que quieren vivir para siempre a través del sacrificio y sufrimiento de mujeres.

Orphan Black es mucho más que una historia de ciencia ficción sobre clones, es una historia que con un potentísimo arranque y a través de un personaje femenino arquetipo del guerrero (Sarah Manning) plantea inteligentes e interesantes preguntas sobre la identidad, la ciencia, el feminismo y la libertad individual. También, y no me cansaré de repetirlo, es interesante la importancia y el tratamiento que hacen de la familia, las relaciones personales y los vínculos que creamos con los nuestros, sean o no de nuestra sangre.

Pese a ser una serie donde son las mujeres las que llevan el peso de la historia nunca se menosprecia el aporte de los hombre que las acompañan y la mayoría de los personajes masculinos de Orphan Black están tan bien escritos y perfilados como las sestras. Es digno de elogio que exista ese equilibrio porque desde el excesivo y fiel Felix (Jordan Gavaris) hasta el adorable Donnie (Kristian Bruun) pasando por ese Sancho Panza científico que es Scott o ese valiente compañero que representa Art (Kevin Hanchard), los hombres que ayudan y luchan con y por las sestras son dignos de mención.

Orphan Black deja un legado de ciencia ficción desde una perspectiva feminista que pocas veces hemos visto en la pequeña pantalla y que se echará de menos en el panorama televisivo.

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