One Day at a Time, comfort tv de alta calidad

En mi lista de las mejores nuevas series de 2017 aparece One Day at a Time, una sitcom de Netflix centrada en una familia cubano-americana de Los Ángeles. De ella decía que “demuestra que la sitcom clásica aún puede sorprender y divertir, que si tienes buenos guionistas y un buen reparto puedes seguir arrancando sonrisas mientras hablas de temas como la inmigración, el tratamiento a los veteranos de guerra, la homosexualidad, el alcoholismo, el machismo en el trabajo, la religión, el amor y el sexo en la tercera edad”. Es más, el estilo de Norman Lear se adapta a la nueva realidad de los Estados Unidos para recoger el testigo de series como Ugly Betty y Jane the Virgin, que tanto han hecho por la representatividad de los latinos en la pequeña pantalla, y construir una serie progresista, diversa y feminista.

Netflix acaba de lanzar los trece capítulos que componen la segunda temporada y en su regreso se confirma como una de las mejores comedias en emisión no solo por su excelente reparto y la fabulosa alquimia de sus guiones que mezclan humor, drama y crítica social con extraordinario acierto; sino también por la ternura y realismo que desprenden los Álvarez y por la consolidación de sus secundarios (Scheneider y el doctor Berkowitz) como parte esencial del ADN de esta sitcom.

La cuestión política

Hay cantidad de series que se sitúan en la actualidad que han introducido el efecto de la victoria y gobierno de Donald Trump en sus tramas como The Good Fight, South Park o Law and Order: SVU; One Day at a Time se suma a esa lista. Tras un año de Trump en la Casa Blanca el regreso de los Álvarez no solo es necesario sino que ayuda a sobrellevar un poco la crispación del país. En ningún momento se nombra al hombre del pelo imposible pero las referencias son muy claras y más durante esta temporada en la que dos de los personajes (Lydia y Schneider) deciden hacerse con la ciudadanía estadounidense ya que nunca se sabe si la Green Card acabará siendo papel mojado durante la administración Trump. Para Elena, la perspectiva de que su abuelita sea deportada como ya pasó con los padres de su amiga Carmen en la primera temporada, es devastadora e insiste en que se nacionalice. Aquí se abre un arco argumental que durará toda la temporada y que servirá para explorar los estereotipos, para hablar sobre el miedo real que siente la comunidad latina con semejante lunático como presidente, para explicar la morriña del emigrante y la importancia de las raíces y las tradiciones para muchas personas y culturas. El efecto Trump también ha establecido cambios en la relaciones entre las diferentes comunidades de un país tan heterogéneo y diverso como los Estados Unidos y One Day at a Time dedica un capítulo a ese racismo rampante a través de la trama de Álex, el pequeño de los Álvarez, que es insultado por un grupo de adolescentes. El episodio explica como funciona el perverso mecanismo que lleva a los jóvenes a avergonzarse de sus raíces y su origen; y habla sobre el racismo que deben enfrentar los Álvarez por su acento, su color de piel, su nombre y apellidos, una constante que se ha transmitido de generación en generación y que como bien explica Penelope “If you get angry, they win; if you don’t get angry, they also win. It’s complicated.”

Una segunda temporada llena de mejoras

One Day at a Time sigue explorando temas con gran vigencia social en este momento como las deportaciones, el control de armas, la diversidad sexual, la depresión o las elecciones. Pero más allá de esas ambiciosas temáticas es en lo cotidiano y en los detalles familiares donde realmente destaca. La lucha de una madre soltera que intenta equilibrar trabajo, estudios y una incipiente relación con un arrebatador y altísimo ex veterano llamado Max (Ed Quinn) se siente tan auténtica que no creo que exista nadie que no empatice con los problemas de Penelope.

Durante el visionado es fácil pasar de la carcajada al llanto y esto solo es posible gracias a un soberbio guión y a un elenco de actores entregado y fantástico. De nuevo todas las miradas se vuelven hacia Rita Moreno, actriz superlativa capaz de convertir la pronunciación de un Ok en una clase magistral de interpretación. A su lado, Justina Machado se confirma como el corazón de la serie, una actriz que transmite vitalidad y pasión, alegría y tristeza y que en los momentos dramáticos de la temporada (ese Hello, Penelope es para premiarla) deja al espectador emocionalmente destrozado.

Del reparto más joven destaco a Elena que se ha convertido en una de las adolescentes más carismáticas y singulares de la televisión, durante la temporada sigue siendo tan reivindicativa y activa como siempre, sigue siendo la voz de la moralidad y la razón, creyendo en un mundo mejor para tod@s mientras lucha con las inseguridades propias de la edad y empieza a salir con Syd, otra nerd adorable que nos deja una de las mejores imágenes de la temporada.

Schneider este año ha subido un peldaño como secundario, Todd Grinnell compone un personaje que funciona muy bien como alivio cómico repleto de excentricidades y con un par de running gags bastante logrados pero su relación con Penelope ha evolucionado volviéndose más adulta consolidando una sólida amistad, se buscan cuando necesitan ayuda y se aconsejan mutuamente; además descubrimos lo importante que son los Álvarez para él y sabemos, aunque aún no se lo han dicho expresamente, que es uno más de la familia. No menos importante es el Dr. Berkowitz (Stephen Tobolowsky) que sigue siendo un excelente alivio cómico y cuya relación con Lydia, aunque algo extraña, resulta bonita de ver.

Aprovecho para mencionar que Ed Quinn no malgasta su tiempo en pantalla, hay mucha química entre él y Machado. Fue muy bonito ver florecer su relación a lo largo de varios episodios y también comprobar que los guionistas eran capaces de introducir un nuevo personaje interesante y divertido.

El comfort tv es maravilloso

En los últimos años la televisión parece confiar demasiado en los reboots o continuaciones de viejas fórmulas pero One Day at a Time es el modelo al que todas esas nuevas reimaginaciones deben aspirar porque no solo es una serie que funciona por méritos propios sino que está en total sintonía con la realidad y el momento cultural en el que se desenvuelve. La serie de Gloria Calderon Kellett y Mike Royce es capaz de tratar desde la inmigración hasta los derechos LGBTI desde el comfort tv; y es que One Day at a Time en ningún momento deja de ser una propuesta entrañable y divertida, de las que te roban el corazón, plagada de personajes que te hacen querer ser mejor persona y que te devuelve la esperanza y el optimismo. Comfort tv en estado puro. Sin embargo, por los motivos que sean, fue una de los estrenos más subestimados de 2017. No sé que estará viendo la gente pero es una lástima que un producto tan auténtico, con tanta personalidad y fuerza, tan divertido y emocionante, pase tan desapercibido.

ADVERTENCIA: Procura ver la temporada con una caja de pañuelos porque hay momentos para llorar y quedarse tan a gusto. El capítulo Hello, Penelope y el cierre de temporada, Not Yet, son especialmente duros para personas sensibles.

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