Nueva Seattle, la ciudad zombie

SPOILERS DE LA CUARTA TEMPORADA DE IZOMBIE, SI NO ESTÁS AL DÍA CON LA SERIE NO SIGAS LEYENDO

Izombie es una de mis series favoritas por su mezcla de géneros, sus guiones ingeniosos y plagados de referencias a la cultura popular, por la frescura y naturalidad de su reparto y por su compromiso con la trama y los personajes. La he visto crecer y mejorar temporada a temporada y agradezco que para su cuarta entrega se atreva a romper la baraja y cambiar el estado de la cuestión zombie. Esta temporada la serie redefine su premisa y apuesta fuerte por una temática mucho más adulta y seria que promete unas tramas más políticas y moralmente ambiguas. Durante más de cuarenta capítulos esta adaptación del cómic de Vertigo mantuvo su núcleo narrativo intacto: hay zombies entre nosotros, viven en sociedad y salvo por su necesidad de alimentarse de cerebros son como nosotros. Liv, forense en Seattle, es una zombie y solo su jefe, Ravi, conoce su excepcional condición. El final de la tercera temporada, supuso la transformación de 10.000 personas en zombies y ese cambio y la exposición pública de los no muertos transforma el tablero en el que llevaban tres temporadas jugando nuestros personajes.

Nueva Seattle

Seattle se ha convertido en la primera ciudad zombie del mundo, un reducto amurallado y militarizado donde humanos y zombies conviven en un precario equilibrio controlado a partes iguales por Fillmore Graves (causante de la epidemia zombie) y la estructura político-administrativa de la ciudad. Múltiples problemas surgen cada día en esta nueva Seattle: la hostilidad hacia los zombies, el miedo de la población humana, la escasez de cerebros, el mercado negro de alimentos, asesinatos, cultos, coyotes que sacan o introducen a gente en Seattle, zombies ricos que intentan escapar de la ciudad amurallada…

Este Seattle militarizado, contenido y zombie supone un cambio enorme para una serie que mantenía a los no muertos controlados en número y viviendo camuflados entre los humanos. Lo que empezó con una joven infectada en una fiesta ha terminado con una ciudad bloqueada que encierra a más de 10.000 zombies.

Chase (Jason Dohring) es el dictador que se encarga de mantener la cuarentena entorno a la ciudad, abastecer de comida a los zombies, vigilar las calles y preservar el orden. En última instancia Fillmore Graves es la culpable de la actual situación, de ahí que Chase sea tan rígido con el control sobre los zombies y que implante una política de cero tolerancia para aquellos no muertos que incumplan las normas.

Liv y compañía

La serie sigue manteniendo su estructura de procedimental con Liv y Clive Babineaux resolviendo asesinatos cada semana. Ellos son un claro ejemplo de que las buenas relaciones entre zombies y humanos son posibles. Ya era hora de que Clive estuviese totalmente integrado en la serie y es algo de agradecer porque sus interacciones con Liv y Ravi son más orgánicas y divertidas; además su perspectiva sobre la situación y su amistad con Liv proporcionan una sólida base al programa y abren arcos y tramas que implican tanto a zombies como humanos.

Liv sigue siendo el corazón de la serie y McIver sigue mostrando una enorme capacidad de adaptación con cada nueva personalidad. Sin embargo, Liv sigue presente y ya hemos visto que no puede permanecer ajena a lo que está pasando en Seattle con el tráfico de personas y el mercado negro de alimentos. Sus valores la han llevado a enfrentarse con Major, un cisma que creo se hará más grande a medida que avance la temporada; puede que no esté lejos el día en el que Liv y Major estén en bando opuestos.

Major se enfrenta al enorme dilema de hacer lo correcto o hacer cumplir la ley. Como parte de las fuerzas armadas de Fillmore Graves está comprometido con la utopía de la polis zombie pero no es capaz de permanecer ajeno a los efectos devastadores que las decisiones de la compañía tienen sobre las personas.

Ravi continúa buscando una vacuna y experimenta consigo mismo, la vacuna parece tener efecto pero el mismo es limitado, así que pasado un tiempo sufre los efectos de la transformación como el pelo blanco o ansias de comer cerebros. Es divertido ver a Ravi bajo los efectos del ansia zombie y asumiendo las personalidades de los cerebros que come. Más Ravi zombie, por favor.

En esta Nueva Seattle el único que parece cómodo es Blaine, personaje capaz de adaptarse a cualquier situación y sacarle partido, un superviviente nato, un encantador de serpientes con pelo rubio platino. Desde los inicios de la serie, Blaine ha sido el antagonista de Liv y siempre ha estado relacionado con negocios turbios y asesinatos varios. Ahora ostenta un negocio dirigido a los zombies adinerados mientras que en las sombras sigue trapicheando con sus negocios ilegales pero vive bajo el yugo de Chase y su control, algo que no le gusta demasiado.

A primera vista todo parece ir bien en la ciudad pero de fondo, y tras cuatro meses de bloqueo, se está gestando un conflicto político y social de enorme calado y trascendencia. El santuario zombie que Fillmore Graves imaginaba no es factible y la utopía tiene los cimientos podridos, solo es cuestión de tiempo que todo se desmorone y en esa futura revuelta puede que Angus (el malvado padre de Blaine) tenga un papel importante.

Puede que este cambio tan radical sea difícil de asimilar para algunos seguidores de la serie y es lógico que los guionistas tarden un tiempo en abrazar todo el potencial que Nuevo Seattle ofrece. Las transiciones y los cambios nunca son sencillos y menos en series tan asentadas y con una identidad tan definida como la de iZombie, esa característica personalidad puede diluirse o perder cohesión en esta cuarta entrega si no se introducen bien los cambios. Ese peligro se ve muy bien en Peyton, personaje que durante la tercera temporada tuvo mucha presencia y tramas que la llevaron a evolucionar y crecer pero que ahora parece estar en tierra de nadie al no tener una función clara dentro del nuevo contexto.

A %d blogueros les gusta esto: