Rabia, humor y podcasts en Maron

Hacia tiempo que tenía pendiente ver Maron porque desde que se estrenó la primera temporada de Glow he desarrollado una creciente y extraña obsesión por Marc Maron. Marc Maron ¿os suena? Los fans de Glow seguro que le ponen cara. A otros tal vez le suene por su programa de stand up en Netflix, algunos serán oyentes de su famoso podcast WTF with Marc Maron. Si queréis escucharlo aquí os dejo un listado con los mejores capítulos y recomendaros uno reciente, en el que aparece Michael Douglas, una delicia para los seguidores del actor y para los que hayan disfrutado con The Kominsky Method.

En 2014 se estrenó la primera temporada de la serie, diez capítulos que emitió IFC, ese canal con pequeñas joyas como Portlandia o Brockmire. En aquel momento ya había en emisión varias series de creadores que venían del stand up, de creadores con visiones personales, complejas y únicas de la realidad, algunas de ellas tuvieron muchísima aceptación como Louie de Louis C.K o Girls de Lena Dunham.; series que abrieron las puertas a otras voces también personalísimas y maravillosas como la de Tig Notaro con One Mississippi, Pamela Adlon con Better Things, Donald Glover responsable de Atlanta o Frankie Shaw con SMILF. Marc Maron juega en esa liga pero no podemos meterlo en el mismo saco. Lo cierto es que para muchos críticos y televidentes fue inevitable comparar Maron con Louie y eso le hizo un flaco favor a la serie. Tal vez si las circunstancias hubiesen sido diferentes, Maron sería venerada como serie de culto pero tuvo la mala suerte de emitirse en un canal minoritario y de coincidir temporalmente con el fenómeno Louie, que acaparó la conversación sobre comedia, stand up y la mezcolanza de realidad y ficción durante mucho tiempo.

Lo que cuenta

Estamos ante una propuesta semiautobiográfica centrada en Marc Maron, cómico que quemó todos los puentes durante su juventud debido a su mal carácter, su incapacidad para controlar su rabia y sus problemas con el alcohol y las drogas. Ahora, tras varios años de sobriedad, dos matrimonios fallidos y muchas oportunidades perdidas, trabaja desde el garaje de su casa dirigiendo y presentando un podcast en el que desnuda su alma y al que invita a conocidos del mundo del stand up a conversar sobre la vida, el universo y todo lo demás.

El podcast es un protagonista más en esta historia. A través de ese micrófono, en la soledad de su garaje mal iluminado, Marc se analiza y se expone ante sus oyentes, hay amargura y dolor en muchas de sus reflexiones, también un humor ácido, del que hace daño, del que obliga a reflexionar, del que te enfrenta a tus propios demonios, a tus miedos y fracasos. Maron es un cómico con una visión cínica del mundo, también bastante oscura y angustiante. En su podcast y por extensión también en esta serie, Marc Maron no se arruga a la hora de hablar sobre sus defectos, miedos, aficiones, opiniones, problemas, adicciones, su amor incondicional por los gatos, su incapacidad para mantener relaciones sanas, su rabia, su integridad como creador… El podcast le permitió lograr su propio espacio en IFC y aunque no sé hasta que punto esta serie semiautobiográfica se acerca a la realidad disfruto de las diatribas iracundas de Maron y de sus problemas de hombre de mediana edad. Sin embargo, creo que el mejor trabajo de este comediante está en su podcast, ahí está el verdadero Marc, la serie no es más que una versión más amable, menos osada y más comercial de lo que hace frente a un micrófono desde el garaje de su casa.

El reparto

Aunque la serie gira alrededor de Marc Maron hay espacio para otros personajes más o menos recurrentes como el padre de Marc interpretado por Judd Hirsch (este hombre todo lo hace bien) y su madre (Sally Kellerman), una mujer absorta en su mundo, pasiva-agresiva, con la que Marc tiene una complicada relación. También tenemos que nombrar a Kyle (Josh Brener) que es su joven asistente y durante las dos primeras temporadas Nora Zehetner interpreta a su novia, Jen.

Lo que más me gusta de Maron son las estrellas invitadas, por ese garaje oscuro veremos pasar a gran parte del stand up norteamericano, un sin fin de actores y actrices, en los que encontramos rostros tan reconocibles como Denis Leary (productor de la serie), Sarah Silverman, Ray Romano, Adam Scott, Aubrey Plaza …

¿Merece la pena?

Maron se emitió durante cuatro temporadas en IFC. Puede que conseguir el programa fuese la parte sencilla pero mantenerlo en pie durante cuatro temporadas es, sin duda, la más complicada. Y sin llegar a ser un fenómeno, Maron es lo suficientemente sólida y divertida como para disfrutar con su visionado. Lo más interesante de la serie es su personaje principal, su rabia y su tristeza son el motor que mantiene unida esta propuesta y aunque puede, por momentos, resultar un tanto repetitiva la curiosidad me impulsa a continuar porque quiero, necesito, saber qué será lo próximo que dirá Marc y qué nueva estrella aparecerá por su garaje. Durante la segunda temporada, el capítulo centrado en Ray Romano resulta brillante por lo que dice de Romano, la fama, la prensa y la riqueza; pero también por lo que nos cuenta sobre Maron.

Cuando Marc está en el estudio hay una gran conexión con el espectador, todo lo que sucede allí se siente convincente y real. Cuando se expone ante su audiencia lo hace hablando honestamente de los sentimientos que le recorren, de su divorcio, de sus inseguridades, del miedo a envejecer… todo esto te conecta con él y es algo muy fuerte y muy efectivo, porque una vez enganchada a su voz es imposible dejarla marchar, te persigue durante días, obligándote a pensar y a digerir ciertas emociones y pensamientos. A pesar de su rabia, de esa pose cínica, Maron es tremendamente empático, algo que se puede comprobar en sus entrevistas y en algunas de sus acciones a lo largo de la serie. En este momento voy a empezar la tercera temporada y la progresión del personaje durante la segunda entrega es evidente, coherente y muy en consonancia con los temas que desde siempre han preocupado al creador: sus necesidad de amor, su hipersensibilidad a las críticas, sus problemas con la comida, sus dudas sobre su trabajo, la envidia hacia compañeros que han triunfado, el sexo y la soledad. Todo esto envuelto en esa rabia y furia que recorre trabajo y que escapa por su boca en forma de torrente.

El único problema con esta serie es que por mucho que me guste el personaje no me resulta fascinante y me gusta mucho más el Marc Maron actor, comediante y podcaster, que el Maron ficticio. Para mí ver esta serie es más una cuestión de completismo que otra cosa y me alegro de que no sea una mala serie pero no es una gran serie, simplemente está bien y eso fastidia un poco porque creo que Marc Maron podría, o merecería, tener una gran serie. Maron fue una consecuencia lógica del éxito del podcast y de las dinámicas televisivas del momento cuando aparecieron multitud de series de comediantes y guionistas con cierto reconocimiento y/o prestigio. Tal vez no era necesaria, tal vez no debería haberse hecho o se debió invertir más en ella. No lo sé. Del hombre me quedo con ese estupendo podcast y con su participación en Glow, donde está fantástico.

En definitiva, Maron es una buena serie, no una notable, no una memorable pero una respetable. Si os gusta Marc Maron os gustará la serie. Si os gustan los personajes que viven irritados con el mundo, incapaces de encajar en él, entonces os va a gustar. Es astuta sin ser genial, divertida sin ser hilarante, inteligente sin ser profunda. Es como si siempre estuviese a un escalón de alcanzar esa estatus y esa certeza puede resultar frustrante para el espectador.

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