Manhunt: Unabomber, el sleeper seriéfilo del verano

19 de septiembre de 1995, los periódicos The New York Times y The Washington Post publican el manifiesto La sociedad industrial y su futuro escrito por Unabomber, este criminal mantuvo en vilo al país durante más de quince años y fue objeto de una de las investigaciones más costosas y largas de la historia del FBI. 27 años han pasado desde la publicación de aquel  texto que sirvió, en última instancia, para poner al FBI en la dirección correcta y detener a Ted Kaczynski, un matemático graduado en Harvard que vivía en una pequeña cabaña en Lincoln (Montana) y que entre 1978 y 1995 envió 16 bombas con las que hirió a 23 personas y mató a otras tres.

Discovery Channel acaba de finalizar la emisión de una miniserie dirigida por Grey Yaitanes (Banshee, House) centrada en la investigación del FBI y en la detención de Kaczynski, un thriller de ocho capítulos que nos adentra en la frenética actividad de la división encargada del caso del Unabomber a través de la mirada del experto en perfiles Jim Fitzgerald (Sam Worthington). El canal Discovery logra convertir aquella investigación en una serie efectiva, sobria e impactante. Bajo el título de Manhunt: Unabomber encontramos una historia envolvente y absorbente que arranca con una voz en off explicando las maravillas del sistema de correo postal estadounidense hasta que un paquete bomba destroza un despacho matando a su ocupante.

El creador Andrew Sodroski nos traslada al corazón de la década de los noventa. Todo empieza en 1997, cuando varios agentes del FBI se presentan en casa de Fitzgerald para pedirle que hable con Ted Kaczynski -el Unabomber solo está dispuesto a hablar con el agente que lo atrapó- y convencerle de que se declare culpable para que no haya un juicio que se convierta en un circo mediático. Más tarde la acción se traslada a 1995, a la graduación de Fitz en Quantico y a su reclutamiento para la investigación del Unabomber. En su nuevo destino de San Francisco sus jefes, Don Ackerman (Chris Noth) y Stan Coe (Jeremy Bobb), quieren que trabaje en el perfil preexistente y son reluctantes ante los hallazgos de Fitz y sus intentos de explorar otras vías de investigación como la basada en la lingüística forense.

La estructura de Manhunt: Unabomber es interesante y no da tregua al espectador. La historia salta hacia adelante y atrás en el tiempo mostrando tanto los avances en la investigación como los encuentros entre Ted y Jim. El formato antológico es perfecto para contar esta historia. En los últimos años varios productos (American Horror Story, Feud, American Crime Story, The People vs OJ Simpson) han demostrado el excelente estado de forma de un formato que se adapta maravillosamente para el relato de acontecimientos reales y que no obliga al espectador a seguir, temporada a temporada, capítulo a capítulos, un mismo producto ni a comprometerse con relatos de largo recorrido. En este sentido, Discovery Channel tiene entre manos una propuesta muy apetitosa para el espectador que podría seguir nuevos casos en el futuro. Ya aviso de que si la calidad, el tono y el equipo se mantienen, me subo al carro.

La investigación

“Los seres humanos son prisioneros de su propio lenguaje”, asegura el lingüista Don Foster, quien ha colaborado con Fitzgerald en varios casos a lo largo de los años. En Manhunt: Unabomber el trabajo de análisis lingüistico del manifiesto y de otros textos de Ted ocupan gran parte del entramado de la serie. Para aquellos que desconocen la materia resultará de lo más interesante comprobar cómo los errores ortográficos, el uso de frases comunes y citas o la estructura de los párrafos pueden ayudar a los agentes a definir la edad o los estudios del individuo, incluso a delimitar en que área geográfica se crió.

El trabajo de Jim es fundamental para capturar al Unabomber, su análisis del vocabulario, la ortografía, la estructura y la gramática del manifiesto publicado en 1995 cambiaron el perfil que el FBI tenía sobre el criminal y sirvieron para llevarlos hasta su cabaña de Lincoln en los bosques de Montana. Durante todo el proceso Fitzgerald es cuestionado por sus compañeros y superiores y por sí mismo, ¿realmente el análisis del texto sirve para algo? ¿Esta vía es la correcta o es un desvío a ninguna parte? Una de las diferencias más grandes de esta serie con respecto a otras que también siguen el curso de una investigación es que, en este caso, la investigación avanza a la par que la génesis de la lingüística forense. El registro de la cabaña de Ted se basa en el análisis linguístico del manifiesto y de cartas que el hermano de Kaczynski proporcionó al FBI, una base muy pobre en aquellos tiempos que podría haber echado por tierra todo el caso contra el Unabomber. El constate estado de duda de Fitzgerald puede parecer un tanto repetitivo pero es consecuente con el estado de las cosas en aquel momento. Resulta curioso seguir una investigación en base a técnicas todavía no validadas, contemplar el proceso de prueba-error y la batalla contra las reglas preestablecidas. En este sentido, la obra de Sodroski me recuerda a la británica Code of a Killer que narra el primer caso en el que se usó el ADN para detener al culpable de un doble asesinato, se siguen aquí los pasos de unos pioneros que pese a las dificultades abrieron camino a cambios en su campo de trabajo.

El contexto histórico

  • 1992. Ruby Ridge. El asedio de once días a la casa de Randy Weave se salda con tres personas muertas: el Marshal William Degan; Vicky, la esposa de Randy; y Sammy, su hijo de 14 años.
  • 1993. Atentado terrorista al World Trade Center con un coche bomba detonado en la torre norte. Murieron seis personas y unas mil resultaron heridas.
  • Entre el 28 de febrero y el 19 de abril de 1993 se produce el asedio al rancho de los Davidianos en Waco. Los intentos del FBI por entrar en el complejo se saldaron con 76 personas muertas.
  • 1995, Timothy McVeigh hace explotar una furgoneta frente a un edificio federal en Oklahoma. Mueren 168 personas.
  • 3 de octubre de 1995. O. J. Simpson es declarado no culpable de asesinato tras un juicio convertido en paradigma de circo mediático por la prensa.
  • El asedio en 1996 contra un grupo derechista en Montana se resolvió con la rendición de los radicales. Las fuerzas del orden estuvieron 81 días esperando. No hubo víctimas mortales.
  • 1996. Durante los Juegos Olímpicos de Atlanta, el FBI fue criticado por la explosión de una bomba en el Centennial Olympic Park. La explosión causó la muerte de un espectador. 111 personas resultaron heridas.

Todas esas sombras planean sobre Manhunt: Unabomber y afectan a la investigación; el miedo del FBI a repetir los errores del pasado, a la prensa y la opinión pública, a las imágenes de civiles muertos a manos del estado… En todo momento, la serie busca que recordemos el estado de ansiedad y convulsión que vivían los Estados Unidos en los noventa. La presión sobre el FBI era enorme, entre errores y fallos en la seguridad su imagen se había deterirado mucho. A sus muchas faltas había que sumar la del Unabomber,  que la caza de este hombre no fructificase en una detención no les dejaba en buen lugar. ¿Cómo era posible que el maniaco de las bombas llevara más de quince años activo? El contexto ayuda a explicar las dudas y reticencias de los jefes de Fitzgerald ante su novedoso enfoque y su impaciencia a la hora de obtener resultados.

Dos actores

A lo largo de sus ocho capítulos la serie ofrece un retrato detallado de sus protagonistas y pese a un plantel de secundarios estupendo, entre los que destaco a Chris Noth, Jane Lynch y Keisha Castle-Hughes; son Sam Worthington y Paul Bettany los que llevan el peso de la historia sobre sus hombros interpretando a dos hombres complejos consagrados a una causa.

Sam Worthington, proyecto de estrella hollywoodiense que nunca llegó a concretarse, se mete en la piel de Jim Fitzgerald, el agente del FBI que cambia el rumbo de la investigación y bajo cuya batuta se desarrolla la lingüística forense.

Durante los primeros capítulos el foco está en Jim, un policía de orígenes humildes que se gradúa como experto en perfiles del FBI a una edad superior a la media. Se trata de un hombre trabajador, constante, dedicado e incansable que una vez dentro de la investigación ḿas grande de su tiempo se pierde a sí mismo luchando contra la buracrocia del FBI, las ideas preconcebidas de sus superiores y el desprecio de sus compañeros. Es fácil seguir el camino de la obsesión de Jim, no solo quiere demostrarle a los demás que merece estar allí sino que necesita demostrarse a sí mismo que realmente es así. Su inseguridad es, en este caso, una virtud que le lleva a esforzarse diez veces más que los demás. Puede que su actitud sea fría y distante pero su viaje personal a través de la investigación, de la lingüística forense y de las lecciones del manifesto, lo convierten en una figura interesante y en la contraparte necesaria para enfrentarse a Ted.

Paul Bettany, por su parte, aprueba con nota el desafío que supone interpretar a un personaje como el Unabomber. Cuando hace su aparición en pantalla es cuando la serie realmente emprende el vuelo. Bettany se las compone para humanizar al monstruo detrás del retrato robot, para atrapar al espectador con su mirada inteligente y herida, para impresionar con su físico desgarbado y ermitaño. Su actuacion es brutal, El actor está totalmente comprometido con el personaje y cada mirada, cada pausa, cada  breve hesitación, son perfectas.

El sexto capítulo completa el retrato de un hombre en constante lucha contra un mundo desgarrador y cruel, un mundo regulado por un sistema de normas deshumanizante y tiránico. Este episodio vuelve a saltar en el tiempo para llevarnos a la infancia y juventud de Ted. Kaczynski se formó en Harvard a donde llegó con 16 años. El joven, con un coeficiente intelectual de 167, nunca se sintió cómodo con otras personas, le costaba encajar y relacionarse en un ambiente en el que todos eran mayores que él. En la universidad participó en el MK Ultra, un experimento de la CIA que, oculto bajo el título de estudios de la personalidad y digido por el doctor Henry Murray, jugó con las mentes y voluntades de jóvenes inocentes a los que torturaban psicológicamente con lo que ellos daban en llamar pruebas de estrés. ¿Explica esto la transformación del joven matemático en un asesino? Podría ser pero aún así las experiencias personales de Ted a lo largo de los años no excusan sus acciones aunque nos dan una base para entender esa elección. Manhunt: Unabomber no busca perdonar ni redemir a Ted porque sería un intento vacuo pero sí que busca contextualizar y analizar el proceder de Kazcynski para acercarnos a la mente de un hombre brillante, sensible e inteligente que optó por la más radical de las formas de enfrentarse a la sociedad. No hablamos de un perturbado sino de alguien metódico y paciente que destrozó vidas y sueños ajenos, aterrorizó a un país y puso en jaque a todo el FBI durante años para trasladar un mensaje, el manifiesto. La impresión que nos queda es que Kaczynski era un sujeto fascinante, un hombre consagrado a una causa incapaz de asumir, pese a su enorme intelecto, la atrocidad de su cruzada.

Cuando ambos personajes comparten escena se establece un potente intercambio de ideas. Por un lado tenemos al agente del FBI que ha tenido que trabajar duro para llegar a donde está pero que, sin rubor, admira a Kaczynski y las ideas que defiende en su manifiesto. Enfrente, un hombre inteligente que mira a Jim con fría arrogancia y superioridad, capaz de desarmar la obra (la lingüística forense) del otro con dos frases. Es fácil sentir la aprensión y el ansia de Fitz en sus encuentros con Ted, le teme y admira a partes iguales. Sin embargo, Ted solo ve en Jim a un engranaje más del sistema opresor, aunque sepa del impacto que su figura ha tenido en la vida del otro.


Manhunt: Unabomber construye con estilo una historia que va creciendo en atractivo y tensión hasta su cierre con un capítulo perfecto en su ejecución. Una de las lecturas más interesantes de la serie de Sodroski es la que habla sobre nuestra relación con la tecnología y más ahora que vivimos de cara a las pantallas. Una tecnología que nos atrapa, nos invade, nos esclaviza y nos limita. Al menos así lo veía Kaczynski y así lo expuso en su manifiesto. La escena final con un semáforo en rojo interpelando al espectador nos hace pensar que, pese a lo extremo de sus actos, había mucha verdad en el manifiesto de Ted.

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