Forever, la eternidad de un matrimonio en crisis

Los creadores Alan Yang y Matt Hubbard desembarcan en Amazon con Forever, una serie sobre la crisis de un matrimonio de mediana edad protagonizada por Maya Rudolph y Fred Armisen.

Y esto es todo lo que puedo decir sin spoilers. Así que si no has visto la primera temporada de Forever continúa leyendo bajo tu responsabilidad. Los creadores avisaron sobre la importancia de mantener el elemento sorpresa intacto y, sin duda, la experiencia de visionado gana si nos acercamos a la serie sin saber nada sobre ella.

Lo que cuenta

Forever es un espectáculo pequeño y tranquilo que se degusta con calma, que invita a reflexionar sobre nuestro paso por el mundo y sobre una de las relaciones más importantes que establecemos durante ese tiempo: el matrimonio. La serie comienza con un hermoso montaje con ‘It Never Entered My Mind‘ como acompañamiento musical que sigue a Oscar (Armisen) y June (Rudolph) desde el momento en el que sus caminos se cruzan hasta un presente en el que son un matrimonio acomodado en la rutina; pasamos de las sonrisas cómplices de los primeros años a la apatía y la iteración de patrones de una vida sin riesgos. La mirada de June a lo largo del tiempo cambia, de la emoción inicial a la incredulidad, la duda, el vacío. ¿Ya está? ¿Esto es todo lo que la vida tiene que ofrecerme?

June se aburre, así que le sugiere a Oscar cambiar sus planes vacacionales, dejar de ir a la casa del lago y probar algo nuevo. La pareja viaja a la montaña para aprender a esquiar y allí Oscar encuentra la muerte en un aparatoso accidente. Un año más tarde encontramos a June destrozada y deprimida. Se siente culpable por la muerte de su marido pero las cosas empiezan a sonreirle cuando consigue un ascenso en el trabajo que la lleva a trasladarse a Hawai. En el avión, justo antes de despegar, muere ahogada por una nuez de macadamia. Cuando despierta está en el jardín de una casa en un hermoso barrio residencial del sur de California, Oscar la saluda efusivo. Están muertos y juntos. Para siempre.

¿Y qué hace la pareja? (Re)vivir esa vida mundana, rutinaria y segura. Durante una eternidad pasean, comen, hacen crucigramas y cerámica. Su ‘otra vida’ es una réplica de su vida, Oscar se siente seguro en lo conocido, June mira al infinito esperando algo más pero ¿y si no hay nada más? ¿Si la eternidad es esto? En un momento dado llega al barrio Kase (Catherine Keener) y se instala en la casa de al lado. La llegada de esta mujer insatisfecha con su antigua vida y con su actual situación alienta a June a arriesgarse e intentar descubrir los límites de la comunidad en la que vive.

Los protagonistas

A Maya Rudolph la conocemos más por sus papeles cómicos pero es evidente que también se mueve con soltura en los dramáticos y en Forever, los cambios de registro, los matices de una vida cómoda pero aburrida, del ansia y el anhelo de algo diferente, los domina a la perfección. Es fácil saber como se siente June a pesar de su silencio. Armisen, por su parte, tiene entre manos un personaje viejoven, Oscar parece agradecido por la tranquilidad de su existencia, tiene todo lo que quiere, sin preocupaciones ni responsabilidades, es un animal de costumbres, predecible y confiable. Entre ambos actores hay una complicidad que se traslada a sus personajes, una química basada en el conocimiento que permite que esas conversaciones absurdas, esos patrones repetitivos y esas muestras de cariño se sientan reales. Cuando tienes dos actores que son capaces de transmitir las sutilezas de las batallas diarias, de las pequeñas victorias, de las amargas decepciones, del apatismo y la ilusión, tienes que saber aprovecharlos y Forever sabe como sacar partido de Rudolph y Armisen. Debo puntualizar que aunque ambos están a un buen nivel y resultan creíbles es ella la que destaca, parte de la culpa la tiene que su papel es más jugoso, interesante y complejo que el de su antiguo compañero en SNL. Sinceramente creo que Forever nos habla durante gran parte de la temporada sobre el viaje de June, una historia en la que Oscar es un personaje de apoyo; es ella la que tiene una evolución más interesante y clara, la que arriesga al explorar su mundo y su nueva realidad permitiendo así que el espectador conozca su perspectiva de un lugar que podría ser el cielo, el infierno, el purgatorio o solo una parada en un camino mucho más largo.

Destacar también la participación de Catherine Keener como la vecina que pone patas arriba la tranquilidad marital de June y Oscar. Entre los secundarios también despunta Noah Robbins como un adolescente que murió en los setenta y que lleva desde entonces en la urbanización, es una especie de amigo de Oscar que está constantemente enfadado (la adolescencia) y que no capta bien los cambios sociales que se han producido en el mundo de los vivos desde su fallecimiento.

¿Pasar la eternidad juntos?

Riverside, el suburbio californiano donde se reencuentran Oscar y June me recuerda mucho a la ciudad de The Truman Show, demasiado perfecto y nostálgico. Allí es donde esta pareja de privilegiados pasa el tiempo aburriéndose. Hay que tener en cuenta que no tienen que trabajar, no tienen que preocuparse de hacer la compra, ni de pagar facturas, no tienen cargas familiares ni materiales. Cierto que no pueden alejarse mucho del lugar pero en ese entorno y con toda el tiempo del mundo disponible, la convivencia deviene (otra vez) en tedio y llega la inevitable pregunta ¿es la monogamia la opción acertada? ¿podemos vivir toda la vida con otra persona? ¿Cómo mantener el interés en lo familiar y rutinario? Esas cuestiones son la base sobre las que se construye Forever. La crisis matrimonial de una pareja de mediana edad es muy reconocible y, sin duda alguna, uno de esos problemas del primer mundo que tan bien funcionan como premisa para una historia televisiva.

June siempre creyó que había otras vías, otros futuros y alternativas para ella y se preguntaba que sería si Oscar no estuviese en su vida. Culpaba a su marido de impedirle vivir una hipotética existencia llena de emoción y alternativas cuando lo cierto, algo que ella misma reconoce en un momento de la season finale, es que lo usaba como excusa para no afrontar la realidad, que no era él quien la frenaba, era el miedo que sentía. Cuando June despierta en Riverside y ve a Oscar no puede evitar preguntar incrédula “¿No voy a ir a Hawai?”. No hay alegría ante el reencuentro, solo decepción por la posibilidad perdida. Lo que para Oscar es la mayor felicidad posible para June se plantea como un inconveniente. Cuando la pareja finalmente se sincera y acepta los problemas de su relación, así como los propios, es cuando el abismo que los separa empieza a disminuir. Forever rompe entonces con lo construido hasta el momento dando a ambos personajes la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva, de construir algo diferente librándose de las ataduras del pasado (esa casa en Riverside) y los lanza juntos a descubrir un mundo nuevo. Un final surrealista y hermoso. ¿Es posible romper la rutina y reinventarse? Forever nos dice que podemos intentarlo, que solo hay que dar el paso con valentía y honestidad, en sintonía con nuestra pareja. Veremos si esta opción les sale bien a June y Oscar.

Antes de finalizar deciros que aunque la serie se entiende como un todo, el sexto capítulo, Andre y Sarah, es independiente y se centra en dos agentes inmobiliarios; Andre (Jason Mitchell) y Sarah (Hong Chau) que se conocen en la casa de June y Oscar y que desarrollan una relación en la que el amor es evidente. A lo largo de los años veremos los encuentros de esta pareja, una historia cautivadora, rodada con enorme tacto y naturalidad, y donde la química entre los actores hace tremendamente creíble la relación. Al final de episodio sabremos cómo se conecta esta historia de (des)amor con la de June y Oscar y el resultado emocional es devastador. Un episodio que merece estar entre lo más destacado de este año.

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