Brockmire, el carisma de un buen protagonista

Hank Azaria y Amanda Peet, ellos son la razón para darle una oportunidad a Brockmire, pequeña comedia ambientada en el mundo del beisbol que gana enteros cuando la química entre Azaria y Peet estalla ante tus ojos.

Azaria está en mi radar desde la década de los noventa por su participación en diversas series de televisión como Friends (hasta que llegó Mike Hannigan, David era el mejor novio de Phoebe), Mad About You o Herman’s Head; y por algún personaje memorable en la gran pantalla como su Agador Spartacus de Jaula de Grillos o su paso por Godzilla y Mystery Men. En conjunto, su carrera es de las más sólidas del Hollywood actual y eso solo delante de la cámara, si exploramos su trabajo como voz de ilustres dibujos animados este post no se acabaría nunca.

Peet, por su parte, tiene una carrera trufada de series canceladas Jack & Jill, Studio 60 on the Sunset Strip, Bent o Togetherness; y películas que se estrellaron en taquilla o que no fueron el éxito que se suponía que iban a ser como Identity o 2012 (curiosamente en ambas coincidió con John Cusack). Evidentemente, ella no tiene la culpa y es una lástima que su talento y capacidad para la comedia no haya conquistado Hollywood. Podría haber sido otra Aniston (con más talento) pero su carrera no consiguió despegar.

Lo que cuenta

Brockmire, la nueva serie de IFC, se centra en Jim Brockmire (Hank Azaria) un exitoso locutor de béisbol que descubre que su esposa Lucy (Katie Finneran) es mucho más activa sexualmente de lo que él pensaba. Tras encontrarla en plena orgía en el salón de su casa, un borracho y desquiciado Brockmire tira su modélica y prometedora carrera por la borda al narrar en directo la escena durante un importante partido.

Tras diez años en el sureste asiático ahogando su humillación y dolor en alcohol y sexo desenfrenado, Jim regresa a los Estados Unidos con la idea en mente de recuperar su buen nombre gracias a un nuevo trabajo como locutor de los Frackers, el equipo de béisbol de la pequeña localidad de Morristown (Pensilvania).

La dueña del equipo, Jules (Amanda Peet), contrata a Brockmire convencida de que eso atraerá a la prensa y a los curiosos al estadio. Para Jules es importante que los Frackers triunfen, cree que es necesario darle al pueblo algo de lo que estar orgullosos y cree Brockmire podrá salvar al ruinoso equipo y, por extensión, a la ciudad. ¿Y por qué Jim? Bueno, él no lo sabe pero desde su muy público quiebre emocional se ha convertido en una celebridad de Youtube, en carne de meme, en motivo de mofa y burla en las redes sociales. Su esperpéntica y sonada caída en desgracia ha entrado a formar parte de la cultura popular. Cuando se da cuenta de que siempre será recordado por el peor momento de su vida, los sueños de Jim de recuperar el respeto y cariño del público parecen esfumarse.

Los ocho capítulos de la primera temporada se pasan volando no sólo porque son cortos sino que la serie, sin ser perfecta, resulta entretenida y es imposible no caer rendida ante la química de Azaria y Peet, dos actores con mucho talento, muchas tablas y recursos. Jules y Jim comparten su amor por el béisbol, el alcohol y las malas decisiones pero juntos brillan. La relación sexual y personal que establecen no solo es lógica teniendo en cuenta las personalidades adictivas y extremas de ambos personajes sino que ofrece al espectador los mejores momentos de la serie. Sus conversaciones son un constante toma y daca de honestidad y aceptación, ambos son conscientes de que son personas con muchos problemas y taras que solo un igual puede entender y aceptar.

El otro personaje a tener en cuenta en esta historia es Charlie (Tyrel Jackson) un adolescente que trabaja en el estadio y que ayudará a Brockmire a retransmitir los partidos y a crearse un nombre en la nueva era de los tuits, los Me Gusta y los podcast.

Jim Brockmire, un personaje carismático

La voz de Azaria es fundamental en esta serie, así que es obligatorio verla en versión original y disfrutar de la dicción, la cadencia, el tono, las inflexiones de voz y los monólogos de Brockmire, un personaje que pasa la mayor parte del tiempo bebiendo, tomando drogas y contando exóticas historias sexuales sobre sus viajes por el continente asiático. Azaria creó el personaje hace años para una serie de gags en Funny or Die, con el tiempo desarrolló la idea para un largo que nunca llegó a materializarse. Una serie era la forma perfecta de seguir explorando al personaje y ahí es donde IFC entra en acción dándole una temporada de ocho capítulos para ver si la cosa funciona. Y tanto que funciona, la segunda entrega ya está confirmada.

A pesar de ser una comedia bastante escatológica y negra, la trama subyacente de cómo una persona intenta lidiar con ser machacado en las redes sociales resulta muy interesante. Brockmire no deja de preguntarse por qué la gente quiere ver en bucle su sufrimiento, por qué le acosan para que repita las frases por las que lo humillan públicamente. La incapacidad de Jim para entender y asumir la realidad de Internet causa hasta ternura. Cuando su podcast triunfa entre la comunidad hipster no alcanza a ver el potencial de tener el apoyo y favor de ese grupo, el concepto millenial se le escapa y cada tweet, cada comentario en Youtube, cada Vine sobre su vida es un clavo más en el ataúd de su estabilidad emocional.

Hay momentos en los que el personaje de Jim Brockmire me recuerda a Bojack Horseman, ambos comparten una crisis vital regada de alcohol y amenizada con drogas; ambos parecen impotentes ante su propia miseria, siendo incapaces de actuar y hacer lo necesario para reconstruir sus vidas. Además, siempre toman la peor decisión posible en el peor momento. Pero aún así, es imposible no encariñarse con este seres en constante proceso de autodestrucción.

En manos de Azaria el personaje de Jim transmite vulnerabilidad y duda, miedo y derrota, hastío y desencanto. Es un hombre presa de sus peores temores, atrapado en una espiral de whisky y coca. Un personaje interesante y carismático pero sobre todo complejo. A pesar de su humillación pública y de su temor a ser recordado solo por aquel momento tan penoso, no puede evitar intentar seguir adelante narrando cada paso, cada caída, cada pensamiento. Si por algo se caracteriza Jim es por su brutal honestidad, puede ser un perdedor, puede ser un alcohólico y un nihilista, un cínico y descreído; pero su dolor, sus palabras y sus sentimientos son sinceros. Y pese a ser un humano desastroso y algo irritante, es inevitable desear que tenga suerte, que encuentre la felicidad, que vuelva a las grandes ligas.

Lo que debe mejorar

Uno de las cosas negativas de esta serie sería lo poco que desarrollan el entorno en el que viven los protagonista y la poca bola que recibe el equipo. Vayamos por partes, empezando por la ciudad. Morristown es un agujero consumido por las drogas y el fracking, la clase de lugar donde terminas cuando ya no hay ningún sitio al que ir, un agujero anclado en algún lugar del siglo pasado, una ciudad en declive que poco o nada tiene que ofrecer más allá de whisky barato y un viejo campo de béisbol. Una de las tramas secundarias explica que hay una corporación que quiere hacerse con el campo en cuestión para extraer gas (creo) pero casi no se desarrolla y tiene poco interés. Hay algunos habitantes de Morristown que podrían tener más peso en la historia pero simplemente sirven para ilustrar lo degradado que está el lugar y lo cerrados y embrutecidos que están sus habitantes. Se muestra una población ignorante, alcohólica y con problemas con las drogas, en su mayoría están en el paro y cobran subsidios. No tienen perspectivas de futuro pero tampoco se preocupan por ello, lo importante es pasar el día bebiendo cerveza e intentando capear la tormenta que otros llaman vida.

El equipo de béisbol es un desastre de inadaptados y descartes de otros equipos. Es una lástima que no se haya aprovechado más este elemento desarrollando a los secundarios y dándoles más metraje pero esta es una temporada de ocho capítulos de corta duración para mayor gloria de Azaria, seguido de cerca por Peet, así que es hasta lógico que todo se centre en esos personajes y su relación. Aún así, se siente como una oportunidad perdida.


Brockmire es humor crudo mezclado con una historia de superación deportiva, un poco de comedia romántica en un pueblo pintoresco, todo ellos sazonado con problemas existenciales de adultos altamente irresponsables. Dadle una oportunidad.

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