Bojack Horseman, lo que queremos y lo que necesitamos

OJO, SI NO HAS DEVORADO AÚN LA CUARTA TEMPORADA TEN CUIDADO, HAY SPOILERS EN EL POST.

Tan pronto como llegó se fue. Vista la cuarta temporada de Bojack Horseman solo puedo sentarme en la soledad de mi salón, con un cigarrillo y una copa de whisky. En mi futuro planea la sombra de un revisionado completo de la obra de Raphael Bob-Waksberg, una mirada a un Hollywood donde humanos y animales antropomórficos pululan en busca de la felicidad y la fama. Una serie poderosa en tono, formato y contenido. Su profundidad, sus significados y poso crecen con el tiempo, con cada nuevo visionado, y basa su fuerza en unas tramas y unos personajes que no dejan indiferente al espectador porque son creíbles y complejos, difíciles y desesperantes, porque sienten, actúan y piensan como muchos de nosotros, pese al halo fantástico de este Hollywood antropomórfico todo se siente real y doloroso. En resumen, Bojack Horseman es una de las mejores series de Netflix y una de las mejores de los últimos tiempos. Desde hace cuatro años siempre la encontramos en las listas de lo mejor. La tercera temporada fue perfecta, nos dio uno de los mejores episodios de 2016 Fish Out of Water y uno de los tratamientos sobre el aborto más brutales y honestos que podemos encontrar en televisión. Una temporada devastadora para el personaje principal (y para el espectador), Bojack llegó al limite impulsado por su incapacidad de avanzar y de tomar responsabilidad de sus actos, por romper y destrozar sus relaciones personales (Todd, Princess Carolyn) y por perder a uno de los pocos seres humanos que, a pesar de todo y de manera sincera, le quería (Sarah Lynn).

Con esta nueva entrega, la serie corría el riesgo de sufrir el mismo problema que House y su protagonista. ¿Cuántas veces puede Bojack tener una epifanía e intentar cambiar su comportamiento? ¿Cuántas veces podemos verle cometer los mismos errores amplificados? ¿Cuánto aguantaremos su misantropía antes de empezar a despreciarlo? ¿Es posible que alguien cambie realmente? Y sí, es posible, pero requiere tiempo, voluntad y un enorme cambio de prioridades. Lo vimos en Enlightened con aquella soberbia Laura Dern pero es algo que no sucede con Bojack, quien sigue dando pequeños pasos en la dirección correcta mientras mira hacia atrás. Tropieza muchas veces pero sigue hacia adelante.

En la cuarta temporada la serie se reinventa dejando a Bojack (Will Arnett) de lado mientras se centra en las pequeñas historias de Todd (Aaron Paul), Diane (Alison Brie), Mr. Peanutbutter (Paul F Tompkins) y Princess Carolyn; sus pequeñas victorias, sus pequeñas tragedias. Una buena estrategia que acerca a la serie a la coralidad desplazando el centro de atención de ese caballo desesperado por encontrar amor y aceptación sabiendo que la fama a la que es incapaz de renunciar no es lo uno ni lo otro. Este año, mas que nunca, la serie deforma el tiempo meticulosamente para acercanos a la mente de los personajes y ayudarnos a entender los orígenes de sus problemas, miedos y traumas. Hay varios flashbacks y un flashforward que, en su mayoría, dejarán tocado al más curtido. No hay signos de desgaste o de falta de ideas y eso en una cuarta temporada es un buen síntoma. Además, Bojack Horseman sigue hablando de temas espinosos pero amplifica su carga política regalándonos a una Jessica Biel desquiciada y deliciosa.

¿Dónde está Bojack?

La última vez que vimos al protagonista huía de todos y de todo en su coche. El descenso a los infiernos por las carreteras del autodesprecio alejaron a Bojack de Los Ángeles, la ciudad maldita, el callejón sin salida de su alma, donde parece no haber esperanza ni redención. Y así empieza la cuarta temporada, sin Bojack y con el resto de personajes (Diane, Mr. Peanutbutter , Todd y Princess Carolyn) viviendo una aparente tranquilidad en medio de la locura angelina.

Entre los doce capítulos encontramos algunos que ahondan en la fracturada relación de Diane y Mr. Peanutbutter, otro centrado en el auge y caída de Princess Carolyn (el episodio de la temporada) y uno que sigue a ese Todd capaz de darlo todo por los demás mientras aprende que las etiquetas a veces son buenas y necesarias. Bojack está menos presente este año pero es el motor de desarrollo de un arco argumental magníficamente ensamblado y emocionalmente desarmante.

No sabremos donde está Bojack hasta el segundo episodio The Old Sugarman Place, un episodio que salta atrás en el tiempo para contarnos qué estuvo haciendo Bojack ese año que pasó desaparecido. La respuesta está en Michigan, en la antigua casa del lago donde su madre y sus abuelos pasaban los veranos. A través de los flashbacks a la infancia de Beatrice (Wendie Malick) entremezclados con el proceso de recuperación de Bojack, encontramos un sentido al carácter de su madre. Este episodio es desgarrador y cruel, la felicidad de los Sugarman (Jane Krakowski y Matthew Broderick ) da paso a un drama terrorífico visto a través de los ojos de una niña que vivirá siempre atemorizada por el vacío en la mirada de su madre y la cicatriz de su frente.

Cuando Bojack regresa al hogar aparece en escena de Hollyhock, adolescente que afirma ser su hija. Este personaje supone un soplo de aire fresco, el viejo misántropo se relaciona con ella y trae al primer plano a Beatrice, dándonos entrada al pasado de esa madre a la que Bojack culpa de todos sus problemas, a la que odia por no ser lo que él necesitaba, por no darle ese amor que lleva toda la vida buscando. Hollyhock con su juventud, su inocencia, su sinceridad y curiosidad, consigue conectar con Bojack y llevarle a confrontar no sólo a una larga lista de exparejas sino a sus propios demonios personificados en Beatrice. Podemos decir muchas cosas sobre la madre de Bojack, podría haber sido mejor con su hijo pero al conocerla gracias a los flashbacks entendemos el motivo de todo ese rencor, de todo ese resentimiento, de toda esa rabia. Seguir la historia y evolución de este personaje a lo largo de los numerosos flashbacks de la temporada ha sido duro porque vemos a una mujer inteligente y divertida relegada por el patriarcado al papel de esposa y madre florero que ella nunca quiso interpretar. Una mujer que sacrificó sus sueños y su libertad por un hombre, una relación y un hijo que no compensaban el precio que pagó.

En el capítulo once, el descubrimiento de la verdad sobre Hollyhock llega finalmente a través de los recuerdos de Beatrice completando un arco argumental que fue dejando pistas aquí y allá y que, al cohesionarse, evidencia la ambiciosa estrategia de la cuarta temporada. ¿No es grandioso cuando una trama de largo recorrido llega a su final y todo encaja? Sí.

Pero volviendo a la pregunta del principio, ¿dónde está Bojack? Desde que lo conocemos siempre ha estado a la deriva en un mar de drogas, alcohol y relaciones superficiales. Siempre ha estado triste, amargado, inseguro y confuso. Siempre ha estado abrazado a su propia autodestrucción. Cada temporada parecía que estaba a punto de lograrlo, que sería capaz de subir cada día esa difícil cuesta, pero nunca lo lograba. Este año Bojack Horseman se despide con una sonrisa en los labios porque puede que haya encontrado justo lo que necesitaba, Hollyhock, y porque descubre que el tiempo invertido en odiar a su madre no era más que una excusa para asumir el odio que siente por sí mismo.

El mejor capítulo de la temporada

Sin duda el arco mejor trabajado y más doloroso para el espectador es el de Princess Carolyn (Amy Sedaris), mi personaje favorito de la serie. El noveno capítulo es un golpe de realidad que deja no solo a Princess (una mujer trabajadora, dinámica, inteligente, fuerte y capaz) hundida sino que también hace mella en el espectador. Incluso aquellos que no tengan aprecio por el personaje coincidirán conmigo en que ‘Ruthie’ es desgarrador.

En este capítulo, cuando parece que la vida de Princess Carolyn no podía ser más perfecta: trabajado, pareja, embarazo, amigos; todo se desmorona. TODO. El aborto (el quinto que sufre) precipita su ruptura con Ralph (Raúl Esparza) quien no está preparado para que las cosas no sean fáciles. A eso hay que sumar la pérdida de confianza en su mano derecha en el trabajo por una deslealtad que no es capaz de perdonar. Y más pequeñas cosas que transforman la felicidad en desdicha y soledad.

Lo más duro del capítulo es que teniendo en cuenta como está estructurado el espectador no ve venir la tragedia porque solo vemos la esperanza de Carolyn. Eso es todo. Esperanza

Princess Carolyn: You know what I do when I have a really bad, awful, terrible day? I imagine my great-great-great–granddaughter in the future talking to her class about me. She’s poised and funny and tells people about me and how everything worked out in the end. And when I think about that? I think about how everything’s going to work out. Because how else could she tell people?

BoJack: But it’s … fake.

Princess Carolyn: Yeah, well, it makes me feel better.

Durante cuatro años Princess Carolyn luchó para conseguir todo lo que quería y parecía que lo había logrado. Pese a los reveses y las decepciones (el despido de Bojack fue de las peores) siguió adelante decidida a triunfar, a conquistar lo que quería. Su ímpetu, su determinación, su entereza siempre han sido inspiradores pero sabemos que detrás de esa fachada hay una persona que se siente sola, insegura y triste. Alguien que no quiere necesitar a los demás porque cree (y esto es algo que también le pasa a Bojack) que es un síntoma de debilidad. Es Todd quien acude en su rescate y a su manera consigue reactivar a esta gata para que siga adelante.

Todos nos contamos historias a nosostros mismos para poder seguir adelante aunque nunca debemos olvidar que solo son eso, historia. Nos ayudan, nos reconfortan, nos dan fuerza. Pero llega un momento en el que, como Princess Carolyn, necesitamos que alguien nos levante y nos empuje, que alguien esté ahí para nosotros y que una voz familiar nos diga, precisamente, lo que necesitamos oír.

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