Dependencia y males del argumentario. Estudio de un capítulo de The Thick of It

The Thick of It

País: Inglaterra

Período de emisión: 19 de mayo de 2005 – 27 de octubre de 2012

Temporadas: 4 / Episodios: 24

Género: Comedia / Sátira política

Creador: Armando Iannucci

Reparto: Peter Capaldi, Chris Langham, Rebecca Front, Chris Addison, Joanna Scanlan, James Smith, Polly Kemp, Roger Allam, Will Smith, Olivia Poulet, Vincent Franklin, Geoffrey Streatfeild, Ben Willbond y Rebecca Gethings.

Sinopsis: Rodada como un falso documental, esta trepidante comedia nos acerca al funcionamiento interno del Ministerio de Asuntos Sociales y Ciudadanía (DOSAC), un departamento que ni el propio Gobierno se toma muy en serio y cuya única función es la de servir de retiro de políticos que están en la fase final de su carrera, para tener entretenidos a aquellos que poco tienen que aportar al partido o para contentar a los que aspiran a tener un puesto de importancia destinándolos a un lugar en el que no molesten demasiado.

El ministro responsable del DOSAC (no es el mismo durante las cuatro temporadas) cometerá innumerables errores ya sea por ineptitud, desconocimiento o simple dejadez. Ahí es cuando entra en acción el hiperactivo y deslenguado Malcolm. Tucker (Peter Capaldi), spin doctor de pura raza, y director de comunicaciones del primer ministro británico que hará lo que sea, cualquier cosa, por mantener la buena imagen del gobierno. Para ello dirige y coordina sin piedad y sin descanso los diferentes departamentos, manipulando personas e información, alterando y adornando la realidad, creando y magnificando aspectos que poco o nada tienen que ver con lo sucedido o simplemente acallando a periodistas a base de amenazas.

La serie no deja títere con cabeza, es despiadada y cruel con sus personajes y no quiere dulcificar su mirada a las entrañas de la clase política, un grupo de personas tremendamente incompetentes cuyas miras cortoplacistas están puestas en las portadas de los periódicos de mañana. The Thick of It muestra cual es el resultado de la profesionalización de la comunicación política: un gobierno donde las políticas no las dictan ni políticos ni ministros sino asesores que prefieren tener buena prensa y un feedback positivo por parte de la población que ideología de partido, coherencia o ideales. Hoy por hoy son los spin doctos los que dictan y controlan la agenda política.

“Es una serie excepcional” dice Eduardo Maura, que alaba el formato directo y contundente de la obra de Iannucci mientras explica que lo que más le gusta de la misma es “la capacidad que tiene para exprimir las situaciones cotidianas y para presentar como sentido el aparente sinsentido que tantas veces atraviesa un día cualquiera en política”. Esta idea le gusta particularmente ya que en contraposición con otras propuestas audiovisuales que magnifican la figura heroica del político que toma grandes decisiones en momentos cruciales en The Thick of It “lo más relevante parece siempre en la superficie: en una entrevista de radio, en una charla, en un chiste a destiempo, en un desencuentro con una compañera o compañero, en una reunión sin pretensiones o en una visita aparentemente inocua a una fábrica.”

Capítulo Cinco. Tercera Temporada 2

La ministra Nicola Murray (Rebecca Front) y su contraparte tory Peter Mannion (Roger Allam) acuden a una entrevista en el programa de radio de Bacon en Radio 5. Nicola se muestra titubeante y dubitativa, con poca confianza, a la hora de trasladar la principal propuesta de su cartera porque realmente su proyecto ‘Inspirar para salir de la pobreza’ es una vaguedad sin ningún tipo de programa o acción concreta. Mannion, en cambio, se desenvuelve mejor en la entrevista, se siente seguro menos cuando se ve obligado a seguir el argumentario del partido y condenar las bonificaciones de los grandes bancos de la City donde tiene amigos.

Sin embargo, lo que debería haber sido una entrevista de todo amable en un programa nocturno se tuerce cuando a Peter tiene que hablar sobre las sospechosas donaciones que reciben los tories de  una compañía de dudosa reputación. Nicola se relaja porque cree que puede salir vencedora del encuentro hasta que en directo le descubren que su grupo político ha recibido más dinero de esa misma compañía. Tras meterse sin saber muy bien cómo en una conversación potencialmente peligrosa para ambos políticos, los directores de comunicación de los dos partidos, Malcolm Tucker (Peter Capaldi) por Nicola, y Stewart Pearson (Vincent Franklin) por los torys, hacen acto de presencia en la emisora para intentar detener una entrevista que puede hacerles mucho daño. Tanto Nicola como Peter son incapaces de salir del agujero en el que se han metido y sin un documento al que recurrir o una guía básica para este tipo de situaciones no paran de equivocarse complicando más y más la situación. Por su parte, Malcolm y Stewart tienen el mismo problema, tienen que proteger a su jefe. Malcolm al primer ministro y su gabinete, y para ello no dudará en intimidar y usar toda su influencia. Stewart tiene que vender una nueva imagen para un partido cuya marca ha estado demasiado tiempo contaminada. A ninguno de los dos les viene bien lo que está sucediendo en el estudio de radio pero tampoco pueden pararlo.

Lo interesante de este episodio es como Nicola y Peter no son nada sin sus asesores de prensa alrededor ni sin un argumentario al que recurrir. Nicola no lo tiene para su proyecto porque ni siquiera lo han elaborado, es una idea vacía de contenido, Peter no lo tiene para los ataques sobre la financiación del partido porque no esperaba tener ese tipo de conversación en un programa de radio de corte amable. Al tener que enfrentarse a preguntas directas sobre cuestiones que afectan a sus decisiones políticas y su partido se les ve torpes e indecisos. Acostumbrados a un trato más amable, siempre escudados por su equipo de comunicación y con el apoyo de un argumentario ad hoc para cada tema, situación, política o proyecto, se sienten inseguros, sin el argumentario se hace evidente que han perdido capacidad de improvisación, discursiva y argumentativa.

El mal del argumentario

La profesionalización de la comunicacion política a partir de la década de los 70 en los Estados Unidos y su exportación a otros países ha propiciado la aparición de profesionales de la comunicación que, entre otras coas, han favorecido la creación y expansión de los argumentarios de los partidos. Pese a que Maura considera que la comunicación política se está profesionalizando en España también advierte del “riesgo de confundir la comunicación política con las dotes comunicativas de personas concretas que desempeñan labores políticas hacia fuera”. Ciertamente hay muchos factores -y no todos se dan por igual ni al mismo nivel- que pueden explicar este proceso de profesionalización de la comunicación política pero entre los fundamentales está, según Eduardo Maura, “la emergencia de nuevos medios de comunicación y la revolución tecnológica que afecta a nuestras vidas todos los días de la semana”. Si a eso unimos la explosión de las redes sociales a partir del 2010 tenemos el caldo de cultivo perfecto para que el argumentario se haya convertido en algo fundamental en el día a día de las formaciones políticas.

El profesor Javier Santos investigador de la Facultad de Mediación Lingüística y Cultural de l’Università degli Studi Milán, considera que todos los partidos usan los argumentarios, unos de forma más evidente que otros. Según este experto los políticos se comportan como si estuviesen siempre en la televisión adaptando su discurso para sacar partido de formatos audiovisuales que llegan más fácilmente al público a la vez que se han acomodado a los argumentarios de los expertos en comunicación. Atrincherados tras eses textos que poco tienen de ideológico y mucho de técnicas de venta hacen imposible el debate político que favorece el diálogo y el entendimiento.

Explicaba Jordi Évole cuando le preguntaban sobre por qué los políticos españoles dan tan pocas entrevistas “el argumentario del partido es el cáncer de los políticos, les corta las alas en una entrevista. Un político tiene muchas más cosas que decir, más allá del argumentario que le de su partido”. Concuerdo con estas palabras pero también considero que en los últimos años la dependencia de los políticos hacia el argumentario se ha hecho mayor dejándonos un reguero de declaraciones que, con distinto rostro, repetían una y otras vez las mismas palabras.

Lo que dice la RAE sobre los argumentarios “Conjunto de los argumentos destinados principalmente a defender una opinión política determinada.”

Los argumentarios son textos, concebidos en principio para el consumo interno, en los que se definen consignas y tomas de posición del partido sobre los diferentes temas. Son directrices que e envían a los cargos del partido para fijar la opinión de la agrupación sobre los asuntos. Textos donde los argumentos se sustituyen por titulares. Partidos como PP y PSOE los mandan a diario, incluso pueden llegar a enviar varios al día. Lo perjudicial del argumentario desde mi punto de vista es que los políticos no puedan salirse de la doctrina y de las palabras que exige el partido, es ahí donde perdemos todos, los políticos, los ciudadanos; y también la comunicación y la política. Es curioso pensar que tantos, dentro de un partido, coincidan a la hora de opinar, a la hora de exponer argumentos y a la hora de sacar conclusiones. Sus razonamientos no son pues ni espontáneos ni genuinos ni propios, no son el fruto de una opinión formada a través del conocimiento y la experiencia sino fruto de un texto que busca, a base de repetición en todos los medios en los que el partido tenga ocasión de aparecer, transmitir una idea entre la población. El argumentario atrofia la capacidad expresiva y discursiva de la clase política haciéndolos dependientes de unos textos, despojados del argumentario algunos políticos y es algo que vemos en el capítulo analizado, no tienen las herramientas necesarias para armar un discurso coherente y tampoco pueden ir en contra a los preceptos del texto porque sería ir en contra de los intereses del partido. El uso de Venezuela como argumentario político es uno de los ejemplo más evidentes.

Preguntado por la necesidad que cubre el argumentario dentro de un partido, Maura explica que es una herramienta más de las muchas que se utilizan y “que sirve para coordinar y articular un discurso político colectivo y para instalar una idea o la importancia de un problema”. Desde su punto de vista no son cárceles ni tampoco “una flauta mágica”. Entiende que “un político no es una persona omnisciente” y que es lógico que recurra a profesionales que saben más de determinadas área para “aportarle pistas o ideas que sirvan para comunicar la posición política concreta que defienda esa fuerza”. Lógicamente es poco probable que se convierta en un experto en esa materia. Maura defiende que el argumentario “funciona bien en las distancias cortas” y para “momentos muy concretos” como por ejemplo “entrevistas breves o canutazos”. Sin embargo, reconoce que es “muy difícil” sostener un debate profundo sobre un tema concreto a base de argumentario y que “es algo que no suele dar buenos resultados”. Concluye que el argumentario “no sustituye a la formación o la preparación” pero que eso no le resta utilidad o mérito al contenido y a quienes lo producen.

No dudo de lo bueno que puede llegar a ser un argumentario como herramienta de apoyo o para momentos puntuales en los cuales no hay tiempo material para preparar los temas pero cuando todo el discurso gira una y otra vez en torno a las mismas palabras, conceptos o ideas; o cuando un partido político envía su argumentario directamente a un medio de comunicación hay un uso y abuso de esa herramienta que pasa de ser un apoyo puntual a pilar fundamental de la comunicación política. Eso empobrece el diálogo, reduce la información y acota los contenidos. Si el político no puede ir más allá del argumentario no pararemos de escuchar lo mismo, una y otra vez. Si ese documento está siempre elaborado por los mismos asesores, poco o nada cambiará con el tiempo. Para Maura el hecho de que haya políticos que machaquen el argumentario puede deberse a que tienen un mal día, a que no se preparan bien los temas, a que no leen bien las situaciones en una entrevista o debate, así que recurren a lo que conocen, el argumentario. En la entrevista el portavoz de cultura de Podemos en el Congreso insiste en el mérito detrás del trabajo de elaboración de un argumentario ya que “requiere mucha valoración y reflexión. Requiere análisis y predicción de los rivales, de conocimiento del sentido común vigente, del problema en cuestión, de determinar a quién vas a dirigirte y desde dónde, de la capacidad del portavoz de adaptarlo al momento, etc.” Así que más que un trabajo para una entrevista breve o canutazo parece que estamos ante un documento con mucho más peso y proyección y cuya importancia es evidente en vista del esfuerzo y trabajo que hay detrás.

En un momento del capítulo, Peter Mannion debe hacer una crítica a la City londinense porque forma parte del argumentario de su partido, algo que a él le produce especial fastidio porque tiene amigos e intereses allí. No obstante, Mannion sigue las directrices de su grupo político y sigue el camino marcado por el argumentario. ¿Qué pasa si uno lo deja de lado y sigue otra hoja de ruta? Me queda la duda porque mi entrevistado no respondió a esa cuestión.

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