‘Los guardianes de la libertad’ de Noam Chommsky y Edward S. Herman

Estamos ante un agresivo llamamiento a la defensa del auténtico periodismo, aquel que busca la verdad. Los autores demuestran, con datos, como de grande es el peso de la élite a la hora de dar forma a las noticias que leemos y escuchamos, desvelando el mecanismo a través del cual el mundo de la información moviliza a la opinión pública para sostener y defender los intereses particulares dominantes en nuestra sociedad.

El ensayo, escrito por los norteamericanos Noam Chomsky y Edward S. Herman, fue publicado a finales de la década de los ochenta, concretamente en 1988. Los guardianes de la libertad denuncia la manipulación a la que es sometida la sociedad a través de la televisión, la radio, las revistas, los periódicos… Según los autores gran parte de los medios de comunicación se dedican a transmitir las opiniones e ideas de las llamadas élites económicas y de los gobiernos en el poder. El libro critica abiertamente a los medios de comunicación de los Estados Unidos. Capítulo a capítulo se desgranan casos en los que la cobertura mediática fue parcial y dirigida a crear un estado de opinión, a favor o en contra, subyugado a las necesidades de aquellos que detentan el poder. Cada capítulo recoge un abundante caudal de hechos que demuestran el influjo de los poderosos en los medios de comunicación, noticias donde la veracidad periodística brilló por su ausencia y donde a los ciudadanos se les negó el derecho a conocer la verdad y a estar adecuadamente informados. Resulta escalofriante leer ejemplos de como los medios distorsionaron la realidad para servir a intereses turbios, casos donde la falta de objetividad y rigor condenan tanto a los periodistas como a sus superiores a ser considerados indignos de ejercer una profesión donde la verdad, la dignidad y la independencia deberían ser el camino a seguir. Ambos autores abogan por un modelo ideal en el que los medios sean independiente de cualquier interés, ya sea privado o estatal, político o económico. Existen, según los autores, una serie de filtros que coartan la libertad de los medios. Cinco filtros que son los culpables del control que el mundo político y económico ejercen sobre las noticias:

Un gran número de los medios de comunicación pertenecen a grandes corporaciones dominadas por las élites económicas. Los medios de comunicación son gigantes mediáticos controlados por personas bien posicionadas y conectadas o directivos que solo buscan el máximo beneficio. Los medios ya no son dirigidos por periodistas, si no por ejecutivos que buscan aumentar la tirada para lograr mayores beneficios. Las noticias se convierten en un producto con valor económico.

Los medios viven de la publicidad, una publicidad que está en manos de las élites económicas. La publicidad es la principal fuente de ingresos de los medios, y claro está que las marcas quieren atraer audiencias amplias y lucrativas, eso somete a los medios a una lucha encarnizada por las audiencias y las ventas. Ninguna marca pagará por publicitarse en medios que no respondan a sus expectativas de ventas.

Los medios están sometidos a un proceso de producción que exige que las noticias se renueven constantemente. Los grandes proveedores de noticias son los departamentos de prensa -gubernamentales y/o empresariales-. Lo económico y lo político marcan la agenda mediática. Fuentes y medios mantienen una relación de dependencia e interés mutuo.

Diferentes medidas para disciplinar a los medios, ya sea a través de quejas, acciones punitivas, castigos o amenazas. Tanto los gobiernos como los anunciantes o cualquier elemento perteneciente a los grupos de poder político o económico puede coartar la libertad de un medio si considera que las noticias publicadas le perjudican de alguna manera.

– El anticomunismo, en Estados Unidos las opiniones de izquierda se consideran antipatrióticas. El miedo y la persecución al comunismo nos retrotrae a la época de la caza de brujas, el comité de actividades  antiamericanas y la guerra fría.

Estas cortapisas, estos filtros, están tan institucionalizados y normalizados dentro de la producción de noticias que los periodista pueden llegar a creer que están realizando de manera correcta su labor sin percatarse de que su criterio a la hora de seleccionar y exponer las noticias está sometida al peso de los intereses de aquellos que detentan el poder.  Así se limitan el número de sucesos o acontecimientos que se consideran noticias, su pluralidad se reduce, su tiempo es efímero, su impacto viene dado por el énfasis que el medio le ponga en la narración… Esto provoca que muchas informaciones no lleguen a ser publicadas, que noticias que critican, juzgan , advierten o ponen en evidencia los modelos políticos, económicos e ideológicos dominantes no tengan cabida en la agenda mediática.

Resulta lamentable comprobar como desde los medios se orquestaron campañas de propaganda y descrédito. De manera sistemática y organizada se favoreció los intereses comerciales, políticos y económicos de unos pocos, utilizando la información a su antojo y publicándola de la manera más conveniente para lograr sus objetivos. Chomsky y Herman están bien documentados sobre los hechos que exponen en su libro y muestran sin ambages la dependencia e intereses de los medios a la hora de informar sobre la realidad de la década de los ochenta en lugares como Centroamérica y la Europa del este.

Herman y Chomsky desgranan numerosos casos donde se puede ver una clara contraposición entre víctimas dignas e indignas. El caso del sacerdote polaco Jerzy Popieluszko. Este cura fue asesinado por la policía de su país, la prensa estadounidense le consideró una víctima digna ¿Por qué? Polonia era un país bajo el influjo  de los soviéticos con lo cual resultaba apetecible mostrar una imagen bárbara de los polacos y sus fuerzas de seguridad. Otro ejemplo es el intento de relacionar el atentado sufrido por el Papa Juan Pablo II con los soviéticos. Sin embargo las muertes de religiosos estadounidenses que se sucedieron en América Latina durante la década de los 70 y 80 apenas fueron tratadas en los medios. Por ejemplo, Rutilio Grande, un sacerdote asesinado en El Salvador por la policía salvadoreña fue tratado como víctima indigna por los medios de comunicación. El arzobispo de el Salvador, Óscar Arnulfo Romero, asesinado a manos de las fuerzas militares también fue una víctima indigna. ¿Por qué? En aquellos años el gobierno de Estados Unidos respaldaba al gobierno de El Salvador, las matanzas perpetradas por sus militares no eran condenadas por la prensa.

Otro caso de víctimas indignas fue el de las monjas Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y la misionera laica Jean Donovan, quienes fueron violadas y asesinadas por agentes del gobierno salvadoreño en 1980. Si se compara el tratamiento del asesinato de Popieluszko y el de estas cuatro mujeres las diferencias son abismales. En el caso de las religiosas los medios omitieron detalles de la muerte mientras que en caso del sacerdote polaco relataron con gran realismo – alguna licencia dramática- y dolor la injusta muerte del hombre. No hubo demandas de justicia, ni artículos de opinión incendiarios. La indignación no llenó las páginas de los periódicos como lo había hecho con el caso Popieluszko. Los políticos estadounidenses se apresuraron a enterrar el “incidente”. Las conexiones entre los asesinos de las cuatro religiosas y el gobierno salvadoreño era evidente; no hubiese sido dado buena imagen que un país al que Estados Unidos apoyaba dejara impune el asesinato de cuatro religiosas.

El tramo final del libro se centra en las noticias que se vertieron en Estados unidos sobre el genocidio de Camboya. Durante un tiempo el tema fue apartado porque las muertes que se sucedían eran obra de los bombardeos del ejercito estadounidense. Más tarde se dio cobertura de las brutalidades de los Jemeres Rojos, cuando éstos pasaron a ser aliados de los norteamericanos en su lucha contra Vietnam del Norte la prensa obvió las atrocidades de esta organización guerrillera. Para los medios es más sencillo pertenecer al sistema ya que la disidencia presenta dificultades y entraña muchos riesgos, algo que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Produce cierto estupor descubrir que los medios de comunicación retorcieron la verdad y manipularon la realidad para proteger y adular al gobierno y al poder económico. Es vergonzoso leer sobre sus campañas de falacias contra los “enemigos del sistema”, sobre sus mentiras y engaños. El trabajo de Chomsky y Herman es encomiable, pues con paciencia y una gran labor de investigación por su parte, logran poner en evidencia los males del periodismo norteamericano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: